Luces y sombras de la protesta contra el G8 en Escocia

24/10/2005 at 11:21

Esther Vivas | Ecología Política

Las resistencias al G8 se hicieron oír una vez más en Edimburgo. Del 6 al 8 de julio tuvo lugar en Gleneagles (Escocia) la cumbre anual de los países más poderosos del planeta. Para el primer ministro británico, Tony Blair, se trataba de una oportunidad para recuperar una imagen pública muy deteriorada después de la participación de su gobierno en la guerra y ocupación iraquí y después de los pésimos resultados en las elecciones generales. Para Blair, dos eran los temas claves de la cumbre: el cambio climático y la pobreza en África. Y el premier británico se erigiría como portavoz de los más pobres ante la cumbre de los 8. La maquinaria publicitaria estaba en marcha. Los cantantes Bob Geldof y Bono apoyarían a Blair en su campaña y promoverían una serie de macro-conciertos internacionales bajo el nombre de Live 8 para exigir el fin de la pobreza en África.

Las ONG’s de desarrollo junto con las iglesias cristianas en Gran Bretaña constituían la coalición Make Poverty History (MPH) (Haz que la pobreza pase a la historia) pidiendo al G8 que escuchara sus demandas de más comercio, menos deuda y más ayuda. Una campaña moderada con vínculos directos con el laborismo, con una capacidad de convocatoria extraordinaria, con el apoyo de los media británicos y con una banda o brazalete blanco como símbolo de la campaña. Pero una campaña que boicoteó a los colectivos anti-guerra y a los grupos anticapitalistas de sus convocatorias, que fue presa de escándalos públicos cuando se descubrió que parte de sus bandas blancas habían sido manufacturadas en condiciones de trabajo infrahumanas y con importantes tensiones en el sí de la coalición entre partidarios de Blair y Brown y quienes, en minoría, planteaban el distanciamiento de las posturas gubernamentales. MPH fue la principal convocante de la marcha que llevaría a unas 250 mil personas a manifestarse por el centro de Edimburgo, el sábado 2 de julio.

Los grupos anticapitalistas se coordinaron en la coalición G8 Alternatives, que promovió una importante contracumbre el domingo 3 de julio con más de cinco mil personas y que, junto con la red autónoma Dissent! y otros colectivos, convocaría a las principales acciones directas contra una base nuclear, un centro de detención de inmigrantes y, en especial, contra la cumbre del G8 en Gleneagles.

Luces y sombras de una protesta en la que tuvo lugar la manifestación más multitudinaria de la historia de Escocia; que no contó con un marco unitario de trabajo; en el que las grandes ONG’s de desarrollo, junto con las pop stars, se sumaron al bando de los 8; donde Blair cooptó parte de la protesta. Una cita empañada por los atentados de Londres del 7J, pero donde el movimiento antiglobalización de Seattle y Génova demostró que estaba en la calle y que no se trataba de convertir a la pobreza en historia sino de convertir al G8 y a su sistema capitalista en historia.

África y el cambio climático

El cambio climático i África fueron los dos temas centrales en la cumbre de Gleneagles. Después de la implicación del gobierno británico en la guerra de Irak y sus consecuencias en la imagen pública del primer ministro Tony Blair y, más en concreto, en la estrecha victoria de los laboristas en las últimas elecciones generales con tan sólo un 36% del electorado (el resultado más bajo conseguido nunca por un primer ministro), a Blair le urgía re-legitimarse pública y políticamente. El año 2005 ofrecía una buena oportunidad para este objetivo: Gran Bretaña asumiría la presidencia del G8 y de la Unión Europea. Y qué mejor para un Blair en agonía política que erigirse como ferviente defensor de África y de la necesidad de poner fin al calentamiento global del planeta. Una elección rodeada de una amplia campaña publicitaria, con un importante eco mediático y con el inestimable apoyo de varias de estrellas del pop-rock con Geldof y Bono a la cabeza.

La cuestión de África y cómo erradicar la extrema pobreza y combatir el SIDA en el continente habían sido temas recurrentes en las anteriores cumbres del G8 en Génova (Italia), Kananaskis (Canadá), Evian (Francia) y Sea Island (EEUU), donde los jefes de estados africanos fueron invitados a participar. La cumbre de Kananaskis (Canadá), en el 2002, aprobó un Plan de Acción para África al servicio del recién impulsado Nuevo Partenariado para el Desarrollo en África (NEPAD), lanzado en julio del 2001 por la Unión de Estados Africanos y liderado por el presidente sudafricano Thabo Mbeki. Una iniciativa que perseguía implementar en el continente las políticas neoliberales de apertura de mercados, entrada de capitales extranjeros y de multinacionales, privatización de servicios públicos… en aras de un mayor desarrollo económico. Unas propuestas, evidentemente, acompañadas de la retórica habitual sobre la necesidad de combatir la pobreza, acabar con la deuda y respetar los derechos humanos. Pero las buenas intenciones se quedan en eso, en intenciones. ¿Qué ha pasado con las promesas de alivio de la deuda de Colonia en 1999 o con las ayudas para luchar contra la malaria, la tuberculosis y el SIDA de Génova en el 2001? Ahora Blair ofrece una segunda oportunidad para África, al servicio del capital y el mercado.

En febrero del 2004, Blair puso en marcha la Comisión para África con el objetivo de analizar la situación del continente y llevar una serie de recomendaciones a la cumbre del G8 en Gleneagles y a la presidencia británica de la Unión Europea. Una comisión presidida por el mismo Blair e integrada por diecisiete comisarios entre los que destacaba un amplio abanico de líderes africanos formados en la escuela del Banco Mundial (BM) y del Fondo Monetario Internacional (FMI) junto con otras relevantes figuras del elenco neoliberal como: el ministro de finanzas británico, Gordon Brown; el ex-director general del FMI, Michel Camdessus; y el ferviente admirador de Blair y cantante, Bob Geldof. En conclusión, una comisión al servicio de Tony Blair.

En marzo del 2005, la Comisión dio a conocer sus recomendaciones, que a pesar de contar con algunas demandas muy bien recibidas de cancelación de la deuda externa de los países más pobres o de eliminación de los subsidios a la exportación de algodón y el azúcar por parte de los países ricos, los intereses corporativos y de mercado eran prioritarios a la defensa de los derechos humanos y de las necesidades básicas. Las conclusiones de la Comisión instaban a promover el crecimiento económico a través de inversiones en infraestructuras, impulsar el comercio exterior, eliminar los obstáculos al comercio y a la inversión extranjera, y dirigir las economías a la exportación, entre otras (Fresnillo, 2005).

La cuestión del perdón de la deuda fue utilizado, como es habitual en las cumbres del G8, como instrumento de buena voluntad por parte de sus jefes de estado. El 10 y 11 de junio, los ministros de finanzas del G8 reunidos en Londres hacían pública su intención de anular la deuda que 18 países tenían con el BM, el Banco Africano de Desarrollo y el (FMI), un total de 40 mil millones de dólares. Como han declarado organizaciones a favor de la cancelación de la deuda, estas cifras son irrisorias comparadas con las necesidades reales y ponen a estos 18 países bajo las cuerdas de los acreedores, quienes utilizan la deuda como instrumento de dominación y explotación (Toussaint y Millet, 2005).

Tony Blair no perdió la oportunidad de invitar a la cumbre de los 8 a los presidentes de Brasil, China, India, México y Sudáfrica para legitimar su estrategia de lucha contra la pobreza. Así mismo, contó con el apoyo de los responsables del BM, el FMI y la Organización Mundial del Comercio (OMC). Y, evidentemente, no podía faltar el máximo responsable de las Naciones Unidas, Kofi Annan, como avalador del proceso. Una foto de familia al completo.

Los días previos a la celebración del G8 en Gleneagles, los mass media catapultaron a Tony Blair como el embajador pro-África a la cumbre de los 8, con múltiples entrevistas en los medios de comunicación y encuentros televisados con jóvenes donde el primer ministro tomaba nota de sus inquietudes acerca de la pobreza en África. Unos días antes al inicio de la cumbre oficial, las portadas de la prensa británica  publicaban un significativo primer plano de Tony Blair con Bob Geldof apoyándose en su hombro. Como afirmaba Geldof: “Tony Blair ha hecho más que ningún otro primer ministro por la pobreza en África” y ratificaba su más profunda confianza en el premier británico para trasladar las conclusiones de la Comisión para África a la cumbre de los 8 (Sunday Herald, 03/07/2005). Peligrosas amistades cuando las estrellas del pop-rock ponen su fama al servicio de quienes promueven el capitalismo global.

La caridad de las pop stars

El evento con mayor repercusión mediática, coincidiendo con la cumbre del G8 fue, sin duda, la celebración de los conciertos de Live 8. Un macro-evento planetario que pretendía unir a centenares de estrellas del pop-rock en una serie de conciertos en paralelo en todo el planeta, con millones de espectadores y con el objetivo de presionar al G8 para que escuchara el llamado de acabar con la pobreza en África. Según palabras de su máximo promotor el cantante Bob Geldof, se trataba de “una oportunidad única para salvar un continente de un desastre humanitario” (citado en Chossudovsky, 2005:1).

El sábado 2 de julio, coincidiendo con la multitudinaria manifestación en Edimburgo contra el G8, las estrellas del rock salían al escenario en Tokio, Johannesburgo, Cornwall (Inglaterra), Berlín, Roma, Londres, París, Barrie (Canadá), Moscú y Philadelphia. Un total de diez conciertos celebrados en los países miembros del G8 más Sudáfrica, añadido a última hora por la falta de cantantes africanos en el macro-evento.

En 1984-1985, con Bob Geldof a la cabeza, se impulsó una campaña internacional con el objetivo de recaudar fondos y poner fin a la hambruna en Etiopia. Con este objetivo se editó un single benéfico en el que participaron referentes del rock de esos tiempos y se organizó un concierto bicontinental bajo el nombre de Live Aid. Una iniciativa que tuvo un fuerte impacto mediático a nivel internacional y que estableció la fórmula del evento benéfico del pop con artistas famosos, transmisión por radio y televisión y recaudación millonaria por venta de derechos y publicidad.

Ahora, veinte años más tarde, Geldof, Bono and company organizaban un remake de aquel evento. ¿Pero que pretendía realmente Live 8?

Bob Geldof y Bono, principales referentes de Live 8, no han ocultado sus simpatías por Tony Blair y Gordon Brown. Geldof, apodado por algunos medios como El País (03/06/2005) como San Bob,  ha sido una de las figuras destacadas de la Comisión por África, impulsada por el premier británico, y en diversas ocasiones ha hecho pública su admiración y confianza en la voluntad de Tony Blair de querer acabar con la pobreza en el continente africano. El mismo Bono calificó al presidente de EEUU como el salvador de África, cuando éste anunció su voluntad de cancelar la deuda de los países más pobres: “George W. Bush merece un lugar en la historia por cambiar el rumbo del continente” (Sunday Herald, 03/07/2005). ¿Pero qué interés pueden tener en acabar con la pobreza en África aquellos que como Blair, Bush y el resto de miembros del G8 son los principales responsables de la miseria en que vive el continente? Como declaraban distintos representantes del movimiento contra la deuda: “Saludando a Tony Blair, Gordon Brown, George W. Bush o Jacques Chirac, los promotores tienden finalmente a legitimar una instancia profundamente ilegítima. (…) El G8 es ilegítimo, y un cambio consecuente no podrá tener lugar sino oponiéndose a entrar en su juego” (CADTM, 2005:1).

Live 8 ofreció una mirada asistencialista y paternal de África sin entrar a analizar las causas reales que condenan a este continente a la pobreza extrema. Nadie habló de los intereses de transnacionales como Shell, BP, Total, Repsol o Texaco en los más de cuatro millones de barriles de petróleo al año que produce el continente o en sus reservas minerales de diamantes y hierro o qué decir de los intereses en la producción agrícola de algodón, cafè y cacao de los países africanos. Como apuntaba Michel Chossudovsky: “Los conciertos son útiles para distraer la atención pública de la guerra conducida en Irak por EEUU y el Reino Unido, y de la relación más amplia entre la guerra y la pobreza global” (Chossudovsky, 2005:2). No es de extrañar que Geldof pidiera corrección política a los artistas antes de la celebración del macro-evento.

Pero ante todo Live 8 fue un mega negocio: millonarios ingresos por publicidad en la transmisión del evento (se calcula que cientos de millones de personas lo siguieron en televisión), royalties a favor de los artistas y enormes beneficios para sus promotores, productores y patrocinadores entre los que se encontraban Time Warner, Ford Motor Company, Nokia y EMI Music. Además de los ingresos por video-clips, DVD y todo tipo de merchandising.

En definitiva, un evento en nombre de África, pero sin contar con África. Ante la crítica por la práctica ausencia de artistas africanos, Geldof declaraba al periódico mexicano El Universal que “la presencia de artistas poco conocidos, ya fuesen de África, Nueva York o Londres podría hacer que muchos cambiasen de canal”. ¿Pero qué credibilidad pueden tener en el escenario aquellos que amasan su fortuna a base de beneficiarse de un sistema que genera pobreza y explotación? El dueño del gigante empresarial Microsoft, Bill Gates, tomó la palabra en el concierto del Hyde Park de Londres. Sin comentarios.

Pero una de las consecuencias más tristes de Live 8 fue su voluntad de silenciar a aquellos que reclamaban en la calle que el G8 y las políticas que promueven pasen a la historia. El día después del macro-evento las pop stars ocupaban la mayor parte de las páginas de la prensa británica con imagenes de Madonna, Robbie Williams, Bjork, Mariah Carey, Angelina Jolie, Brad Pitt y Annie Lennox, entre otros, en los escenarios. Mientras, los 250  mil manifestantes que salieron a la calle en Edimburgo ocupaban tan sólo un 20% del total de la información sobre las movilizaciones contra el G8.

MPH, una coalición políticamente correcta

Un amplio y variado abanico de colectivos lanzaron campañas y organizaron actividades de protesta contra la cumbre del G8. A grandes rasgos podríamos definir tres grandes espacios políticos que aglutinaron un número considerable de organizaciones y personas en la mobilización contra el G8, aunque existieron centenares de actividades organizadas de forma independiente.

En primer lugar deberíamos nombrar a la campaña Make Poverty History (MPH) que, con un discurso asistencialista y caritativo sobre África, sumó a más de 400 grupos de toda Gran Bretaña, con una presencia muy importante de las iglesias cristianas. MPH, que contó con la complicidad de las estrellas del pop-rock, como Bob Geldof y Bono, y con el apoyo de la prensa británica (independientemente de su orientación política) para difundir sus convocatorias,  tuvo un impacto social, político y mediático muy significativo, especialmente en motivo de la manifestación del sábado 2 de julio en Edimburgo.

La campaña MPH fue constituida oficialmente en septiembre del 2004 con el objetivo de luchar contra la pobreza coincidiendo con el año 2005 en el que Gran Bretaña asumía la presidencia del G8 y de la Unión Europea; se celebraba el 20º aniversario del concierto Live Aid; tenía lugar la cumbre de los Objetivos del Milenio en Nueva York; y se celebraba la 6a ronda ministerial de la OMC en Hong Kong. Desde entonces, MPH llegó a sumar hasta 460 colectivos con un peso muy importante  de las grandes ONG de desarrollo como Oxfam Internacional, Action Aid, Comic Relief… y de la iglesia anglicana, católica… con la presencia de la Confederación Británica de Sindicatos (TUC), entre otras organizaciones.

MPH se constituyó como parte de la campaña internacional Llamado a la Acción Global Contra la Pobreza, impulsada por Oxfam Internacional, Action Aid y DATA (una controvertida ONG creada por Bono, George Soros y Bill Gates). La campaña internacional, que cuenta con iniciativas estatales en diferentes países como Pobreza Cero en el Estado espanyol, ha recibido importantes críticas por parte de organizaciones del sur, como Focus on the Global South o Jubilee South, que han denunciado la campaña como una iniciativa de arriba a bajo, sin una verdadera dimensión internacional al contar con un liderazgo único de ONG’s del norte, y sin voluntad de llevar a cabo una movilización real de base (Hodkinson, 2005).

Para MPH, la demanda estrella de la campaña era poner fin a la pobreza en África y exigir un comercio justo, el fin de la deuda y más ayuda al desarrollo. Pero el mensaje que se ha transmitido desde los medios de comunicación y desde la campaña parece coincidir con las demandas del mismísimo gobierno laborista. Desde organizaciones africanas se ha criticado la instrumentalización que se ha hecho del continente presentando una imagen asistencialista y deprimida de África, hablando en nombre de sus gentes y pueblos pero sin contar con ellos. Como señalaba  Trevor Ngwane del Anti-Privatization Forum en Sudáfrica refiriéndose a los objetivos de MPH: “El G8 es el problema, su sistema es el problema. Un sistema que antepone los beneficios a las personas. Para conseguir que la pobreza pase a la historia, primero tenemos que hacer que el G8 pase a la historia y que su sistema capitalista pase a la historia”. A pesar del importante impacto mediático de la campaña, su perfil militante y sus demandas han sido de mínimos.

Y es que las vinculaciones de los principales promotores de MPH con el laborismo tienen un precio. Como revelaba el artículo de portada del semanario británico de centro izquierda New Statesman, el 30 de mayo del 2005, con el título ¿Por qué Oxfam falla a África?, las relaciones entre Oxfam Internacional y el gobierno británico habrían incidido en la campaña de MPH restringiendo sus demandas, su estrategia así como su mensaje. En este sentido, no sorprende que en todo momento MPH hay rechazado un discurso anti-guerra que podría haber molestado a Brown y a Blair (Bond, Brutus y Setshedi, 2005). Cuando la coalición Stop the War Coalition pidió adherir-se a MPH, su demanda fue rechazada aludiendo a que temas como el desarrollo o la justicia económica no tenían nada que ver con la guerra. El veto a la coalición anti-guerra fue total e incluso se les impidió la colocación de un estand informativo en el recinto donde tenía que salir la manifestación del sábado 2 de julio. Del mismo modo que se intentó impedir la presencia de grupos anticapitalistas en la manifestación, en aras de preservar el liderazgo y el mensaje políticamente correcto del evento.

Pero los vínculos con el gobierno británico no terminan aquí. Otra de las ONG’s de referencia de MPH, Comic Relief, fundada por Richard Curtis, mejor conocido como director y guionista de la popular serie Mr. Bean, es el principal promotor de la campaña publicitaria de la coalición. Según The Guardian, Richard Curtis es uno de los hombres más poderosos de la industria de los medios de comunicación en Gran Bretaña, e íntimo amigo de Gordon Brown. Su estrategia mediática ha permitido la venda de millones de brazaletes blancos y llegar a millones de personas. Los contactos de Curtis han conseguido la donación de un millón de liras por parte del multimillonario escocés Tom Hunter. Pero ¿a qué precio? La Fundación Hunter apoya, entre otras iniciativas, el Programa Empresarial de Escuelas Ejecutivas Escocesas, donde los niños a partir de cinco años son introducidos y encarrilados al mundo de los negocios. El mismo Tom Hunter promocionó la venda de una edición especial de brazaletes blancos con los logos de seis marcas de ropa internacionales, algunas de las cuales acusadas de utilizar mano de obra en condiciones infrahumanas en sus fábricas de América Latina y del Sureste asiático (Hodkinson, 2005).

Así mismo, la mayoría de miembros de MPH acogieron con buenos ojos las conclusiones de la Comisión por África que, en definitiva, a grandes rasgos reclamaba las mismas demandas que la coalición: comercio justo, condonación de la deuda y más y mejor ayuda. Del mismo modo cabe mencionar la íntima relación entre MPH y los promotores de Live 8, quienes se han erigido como  puente de diálogo con el G8 elevando la figura de Blair a la de embajador humanitario a la cumbre del G8 en Gleneagles. Pero como señalaba Dennis Brutus de Jubilee South, en la contracumbre de G8 Alternatives, no se trata de pedir sino de exigir: “El G8 es el responsable del sufrimiento de África, ellos son los culpables”.

El brazalete o la banda blanca ha sido el símbolo por excelencia de MPH (también es el símbolo de la campaña internacional Llamado a la Acción Global Contra la Pobreza). Los promotores de MPH han animado, en todo momento, a sus seguidores a vestir un brazalete blanco para reivindicar los objetivos de la coalición y la blancomanía, fruto de una campaña de merchandising a todos los niveles, ha contribuido a la venta de más de nueve millones de brazaletes, gorras, camisetas y todo tipo de complementos. Como anunciaba la Guía de Campaña de MPH: “Los brazaletes blancos pueden adquirirse en las tiendas Oxfam -y usted las puede pedir por teléfono o on-line”. Pero incluso el símbolo de MPH no ha estado exento de polémica. El periódico conservador Sunday Telegraph publicó en exclusiva, a principios de junio, que miles de estos brazaletes fueron elaborados en fábricas chinas en condiciones laborales infrahumanas con el beneplácito de Oxfam (Hodkinson, 2005).

Frente a esta situación las ONG’s más radicales que integraban la campaña como War on Want, World Development Movement y Christian Aid intentaron dar un giro al rumbo político que tomaba MPH, declarando a la prensa su disconformidad con la estrategia oficial de la campaña. Pero los principales promotores de MPH tenían muy claros sus objetivos y no renunciaron a ellos. Unos días después, Gordon Brown fue invitado a participar en la manifestación del sábado 2 de julio en Edimburgo.

Las campañas anticapitalistas: G8 Alternatives y Dissent!

Otro de los espacios políticos de referencia fue la coalición G8 Alternatives, una amplia coordinación de organizaciones británicas e individuos constituida formalmente en julio del 2004 e integrada por grupos anti-guerra, sindicatos, ecologistas, defensores de los derechos humanos, partidos de la izquierda radical como el Scottish Socialist Party (SSP) o el Socialist Workers Party (SWP), grupos de inmigrantes… con un perfil anticapitalista y combativo. En la línia de los foros sociales, el G8 Alternatives tenía como objetivo debatir, intercambiar ideas, ser un punto de encuentro y, a la vez, pasar a la acción movilizándose en la calle contra el G8. En este sentido, la coalición convocó a una semana de acción contra el G8, más allá de la manifestación del sábado 2 de julio de MPH, y organizó un amplio abanico de actividades entre las que destacaba: la contracumbre del domingo, 3 de julio, con  más de 70 conferencias y talleres y 5 mil participantes; las acciones directas, convocadas conjuntamente con otras redes como Dissent!, contra la base nuclear de Faslane y contra el centro de internamiento de inmigrantes de Dungavel; y, en especial, la marcha al Hotel Gleneagles, el 6 de julio, el primer día de la cumbre oficial. Desde G8 Alternatives se organizó la logística para acoger a los miles de manifestantes que acudieron desde otros países a la convocatoria de acción con la instalación de áreas de acampada en los alrededores de Edimburgo. Como afirmaba el miembro de G8 Alternatives, Joshua Brown, a pesar de las diferencias se trabajó conjuntamente con MPH, sobretodo a nivel local y en la preparación de la manifestación unitaria del 2 de julio (Bovy, 2005).

A parte, cabe destacar el papel jugado por Dissent!, una red autónoma y anticapitalista creada en otoño del 2003 por personas vinculadas al movimiento ecologista de acción directa; a grupos anti-autoritarios; al movimiento anti-guerra; a la red internacional Acción Global de los Pueblos… Según sus promotores: “la red Dissent! (…) es un mecanismo para la comunicación y coordinación entre grupos locales y grupos de trabajo involucrados en la construcción de resistencias al G8 y al capitalismo en general” (Dissent!, 2005). En febrero del 2005 se llevaron a cabo las primeras reuniones de coordinación mensuales, la creación de grupos locales en todo el país, la constitución de comisiones de trabajo y la coordinación internacional vía listas de distribución. La principal acción llevada a cabo por Dissent! en Edimburgo fue la organización de un carnaval callejero que recorrió la principal arteria comercial de la ciudad, Princess Street. Dissent! organizó un campamento rural autogestionado con el nombre de Hori-Zone en Stirling, cerca de Gleneagles, y centró la mayor parte de sus actividades en las proximidades del recinto donde tenía lugar la cumbre oficial. Una parte considerable de sus acciones tuvieron un perfil marcadamente ecologista y de denuncia del cambio climático como la convocatoria del Día de Acción contra el Cambio Climático, el 8 de julio.

A parte de estos tres espacios políticos principales, Edimburgo, Glasgow y otras localidades escocesas acogieron centenares de actividades impulsadas por colectivos muy diversos. Desde ferias de comercio justo con conciertos multiculturales organizados por grupos de consumidores como New Consumer; misas y plegarias por la paz convocadas por grupos religiosos como Christian Aid, Saint John’s Church, Methodist Church, entre otras; acciones directas a cargo de asambleas anrquistas y anti-autoritarias; conferencias sobre el G8 y la pobreza organizadas por ONG’s de desarrollo como War on Want, Friends of the Earth, World Development Movement y People and Planet; un punto de encuentro para activistas anti-deuda a cargo de Jubilee Debt Scotland y Jubilee Debt Campaign; la organización de una caravana de pallassos que visitó varias ciudades británicas hasta llegar a Glasgow y a Escocia con acciones directas no violentas bajo el nombre de El Laboratorio de la Imaginación Insurrecta, sólo para nombrar algunas.

Una semana de acciones

En los meses previos a la celebración de la cumbre del G8 en Gleneagles, la organización y preparación de la movilización y la respuesta social fue tomando fuerza tanto en Gran Bretaña como, principalmente, en Escocia. Y la protesta contra la cumbre de los 8 cobró una dinámica más británica y escocesa que internacional.

Las organizaciones convocantes llamaron a una semana de acción durante los días previos al inicio de la cumbre en Gleneagles. El jueves 30 de junio, cuatro miembros del SSP interrumpieron durante 45 minutos la sesión del Parlamento Escocés con pancartas a favor de la legalización de la marcha a Gleneagles, que tenía que celebrarse el primer día de la cumbre oficial en las inmediaciones del hotel donde se reunían los jefes de estado. La policía retiró a los diputados y después los distintos grupos parlamentarios, incluyendo Los Verdes, acordaron penalizar al SSP con la expulsión del Parlamento, la  prohibición del uso de las instalaciones oficiales y el no pago de los salarios de sus seis diputados y de sus asistentes, un total de 23 personas, durante todo el mes de septiembre del 2005. Al día siguiente de la acción en el Parlamento se consiguió la legalización de la manifestación a Gleneagles, lo que permitía dar un mayor peso a la marcha en el marco de las acciones de protesta y garantizaba la asistencia de un número mucho más elevado de personas.

Pero la acción que dio, sin duda, el pistoletazo de salida a la semana de protestas contra el G8 en Escocia fue la manifestación del sábado 2 de julio en Edimburgo convocada, principalmente por MPH, pero también por otros espacios como G8 Alternatives y Dissent! Miles de personas acudieron a la cita en autocares y trenes fletados por los organizadores desde Londres y otras ciudades. En total unas 250 mil personas se manifestaron desde las 11h de la mañana hasta las 17h de la tarde por el centro de la ciudad. El parque The Meadows, desde donde partía la marcha, se llenó desde primera hora de la mañana de una gran marea humana vestida de blanco, siguiendo las indicaciones de la coalición promotora de la manifestación MPH, con el objetivo de rodear el centro de Edimburgo con una banda blanca compuesta por miles de personas.  A pesar de que MPH no quería contar con organizaciones anticapitalistas en la manifestación, grupos como el SSP con sus camisetas rojas con el lema Make Capitalism History (Haz que el capitalismo pase a la historia), la Samba Band vestida de rosa y grupos anarquistas, entre muchos otros, estuvieron presentes en la marcha.

Pero las grandes ONG y las organizaciones cristianas, con un discurso asistencial y caritativo, dominaron en todo momento la manifestación: tanto en los discursos y mensajes lanzados desde los dos escenarios situados en The Meadows, como por los numerosos estands con los que contaron donde repartían todo tipo de merchandising (banderas, gorras, adhesivos, chapas…). En cambio, los grupos anti-guerra y las organizaciones políticas vieron denegada su petición de instalar estands en el parque o contar con oradores en los escenarios. Debido al boicot, la coalición contra la guerra Stop the War Coalition instaló un escenario propio en The Meadows con parlamentos contra la ocupación en Irak y organizó un recorrido paralelo de la marcha. Y es que desde MPH se pretendía organizar una manifestación políticamente correcta, del agrado de Blair y Brown. Como declaraba uno de sus portavoces y miembro de Action Aid, Bruce Whitehead: “Esta marcha no es una marcha en el sentido de una manifestación, sino más bien de una caminata. (…) El énfasis está en la diversión bajo el sol. La intención es saludar a los líderes del G8 en Escocia y pedirles que den justicia comercial, cancelación de la deuda y más ayuda a los países en desarrollo” (citado en Pilger, 2005). En este sentido, no es de extrañar que la Guía de Campaña de MPH cerrara sus páginas con un mensaje de la policía escocesa que decía así: “La policia apoya su derecho a la manifestación pacífica. Estamos aquí para asegurar que pueda expresar su punto de vista y permanecer a salvo. (…) No permita que una minoría entele el evento. Comunique a la policía cualquier comportamiento sospechoso”. Como afirmaba el director de Focus on the Global South, Walden Bello: “Esta movilización tiene un carácter muy distinto a la de anteriores contracumbres. Una atmósfera de ‘vamos a trabajar con el G8’, mientras que otras protestas tenían un carácter más confrontativo señalando al G8 como parte del problema”. Para Bello, no es que los manifestantes en Edimburgo fueran menos radicales que los que salieron a la calle en Génova en el 2001, sino que el liderazgo de MPH había rebajado el listón político y reivindicativo de la protesta (The Guardian, 14/07/2005).

En este contexto, no sorprende que la prensa británica, tanto conservadora como socialdemócrata, diera la máxima publicidad al evento convocando desde sus portadas a la manifestación bajo titulares como la del Scotsman (02/07/2005) Un día que puede marcar una diferencia y con páginas especiales dedicadas a los conciertos de Live 8.

A partir de la masiva manifestación de Edimburgo, el clima de confrontación político fue in crescendo. El domingo, 3 de julio, tuvo lugar la contracumbre Ideas para cambiar el mundo, organizada por G8 Alternatives, con la presencia de unos 5 mil activistas y con ponentes de la talla de Walden Bello, Susan George, Haidi Guliani -madre de Carlo Giuliani asesinado en las protestas contra el G8 en Génova en julio del 2001, entre otros.  África, el cambio climático, las resistencias al imperialismo y a la guerra, las luchas contra la globalización corporativa, la inmigración fueron algunos de los temas centrales. La contracumbre, que se celebró en varios edificios del centro de Edimburgo, contó con un total de 9 conferencias centrales y más de 70 talleres. Los análisis planteados en los diferentes debates tuvieron una fuerte carga política y la coalición MPH fue el foco de importantes críticas. Una de las conferencias inaugurales Resistiendo al imperialismo y resistiendo a la guerra puso sobre la mesa los intereses imperialistas tanto de Estados Unidos como de la Unión Europea, la lucha del pueblo palestino y los retos del movimiento anti-guerra. El líder de RESPECT, George Galloway, señaló como el No al referéndum en Francia y en Holanda forma parte del camino hacia Edimburgo para decir No a los señores de la guerra. Otra de las sesiones que despertó más expectación fue la conferencia África: ¿pueden Blair y Brown cumplir sus promesas?, que reunió a diferentes representantes de organizaciones africanas que denunciaron la supuesta buena voluntad de Blair, Brown, Geldof y sus pop stars. Como afirmaba Trevor Ngwane en la conferencia: “el G8 y el capital financiero utilizan la deuda como vía para continuar robando a África y diciendo a sus gobiernos lo que tienen que hacer. A la vez que el propio gobierno sudafricano desarrolla una estrategia subimperialista y expande su capital financiero al resto de países del continente”.

Las ONG’s de perfil radical War on Want, Friends of the Earth, World Development Movement y People and Planet celebraron el mismo día la conferencia que llevaba por título Sueño de las multinacionales, pesadilla global. Por su parte, la red Dissent! presentó una serie de conferencias bajo el nombre Días de disidencia pasando de las ideas a la acción. En Glasgow, el grupo Make Borders History (Haz que las fronteras pasen a la historia) llevó a cabo un tour por la ciudad que se dividió en seis grupos, de entre unas cincuenta a cien personas cada uno, con el objetivo de denunciar las políticas migratorias y de asilo de los países miembros del G8. En Edimburgo, Stop the War Coalition organizó una marcha en recuerdo a las víctimas de la guerra en Irak, encabezada por Heidi Giuliani y por Rose Gentle, madre de un soldado fallecido en la ocupación iraquí. La marcha terminó con una ceremonia en Calton Hill.

La estela de Seattle: acciones directas y bloqueos

El lunes, 4 de julio, empezó el calendario de acciones directas que tendría su punto culminante con la marcha al Hotel Gleneagles el miércoles, 6 de julio. G8 Alternatives organizó autocares para desplazar a los activistas desde Edimburgo y Glasgow a los sitios donde se llevarían a cabo los bloqueos. Con esta serie de acciones, las movilizaciones contra el G8 recuperaron un perfil más militante y combativo, siguiendo la estela de Seattle y Génova.

El 4 de julio, y durante todo el día, unas 3 mil personas bloquearon la base militar de Faslane, a 90 km de Gleneagles, el mayor complejo militar de Escocia con cuatro submarinos dotados de armas nucleares. El objetivo de la marcha era protestar contra los programas militares impulsados por el G8 y denunciar las armas nucleares como expresión última del militarismo. A pesar de la numerosa presencia policial, muchos activistas (desde parlamentarios, líderes religiosos, payasos…) permanecieron sentados, enarbolando banderas y bailando al ritmo de la música tecno mientras bloqueaban las entradas norte y sur de la base . El mismo día en Edimburgo, la red Dissent! convocó a un Carnaval del pleno gozo que paralizó el centro de la ciudad durante la tarde y la noche con centenares de activistas vistiendo de negro, otros con disfraces de colores, algunos llevando títeres gigantes que representaban a los jefes de estado del G8, con tambores… Los comercios y las calles de las principales avenidas como Princess Street fueron cerrados y se produjeron enfrentamientos con la policía, que detuvo a unos 90 activistas (La Jornada, 2005).

El martes, 5 de julio, unas mil personas llevaron a cabo una marcha al Centro de Detención de Inmigrantes de Dungavel. Los autocares que trasladaban a los activistas de Glasgow y Edimburgo tardaron horas en llegar al punto de encuentro debido a los cortes de carretera y a los registros policiales. En Dungavel, miles de policías rodeaban el Centro e impidieron que la marcha se aproximara a sus alrededores. Días antes, las dependencias de Dungavel y todos sus detenidos habían sido trasladados en motivo de las protestas.

La jornada de máxima confrontación fue el miércoles, 6 de julio, cuando dio comienzo la cumbre oficial en el Hotel Gleneagles. Desde primera hora de la madrugada la tensión fue en aumento, cuando un centenar de activistas salió del campamento rural Hori-Zone, en Stirling, con el objetivo de bloquear las principales carreteras de acceso a Gleneagles, mientras se producían enfrentamientos con la policía. En el transcurso de la mañana aumentaron el número de bloqueos y cortes de carreteras. Los autocares organizados por G8 Alternatives desde Edimburgo sufrieron múltiples registros y horas de retenciones. Finalmente, la policía permitió su paso hasta Auchterader, la población más cercana al Hotel de Gleneagles. Desde allí los cinco mil manifestantes concentrados se dirigieron hasta el perímetro vallado. Aunque la manifestación había sido desconvocada unilateralmente por la policía, los concentrados siguieron con su objetivo y un grupo de cien manifestantes, que se separó de la marcha principal, echó a bajo una de las verjas de contención. Centenares de policías antidisturbios, a caballo, con perros y en helicópteros militares rodearon a los activistas. El Equipo de Apoyo Legal denunció centenares de detenciones (UK Indymedia, 2005).

Mientras en Edimburgo se llevaba a cabo una manifestación espontánea. Unas 650 personas no pudieron coger los autocares en dirección Gleneagles ya que la policía había disuadido a las compañías de recoger a sus pasajeros. En este contexto, los activistas acordaron manifestarse en Edimburgo a lo largo de su principal arteria, Princess Street. A pesar de la prohibición policial para llevar a cabo la marcha, unas mil personas avanzaron por el centro de la ciudad y permanecieron allí durante tres horas. La marcha terminó con enfrentamientos policiales y con un total de 29 detenidos, entre ellos algunos de los principales organizadores de los eventos.

Bombas en Londres

Las jornadas de protesta sucesivas, del 7 y 8 de julio, se vieron empañadas por los atentados que sacudieron Londres la mañana del jueves 7 de julio cuando varias explosiones tuvieron lugar en tres líneas de metro y una de autobuses causando 52 muertos y unos 700 heridos. Los líderes del G8 no tardaron en condenar públicamente los atentados, pero Tony Blair en ningún momento quiso reconocer los vínculos entre las bombas de Londres y la implicación de su gobierno en la guerra de Irak. Por lo contrario, vinculó los ataques con la cumbre del G8, con el objetivo de desviar la opinión pública, y en su declaración ante las cámaras afirmó: “Es criminal golpearnos mientras estamos aquí para ayudar a África”. Los atentados venían a reforzar así la estrategia de Blair y Brown de presentarse como los avaladores de los países pobres ante el G8. Las organizaciones concentradas en Escocia, en motivo de las protestas contra la cumbre de los 8, expresaron su más contundente rechazó a los atentados.

Los ataques terroristas de Londres son resultado de la implicación del gobierno británico en la guerra en Irak y del apoyo incondicional a la política imperialista de George W. Bush. Pero, desgraciadamente, estos sólo servirán para legitimar, aún más, la estrategia de guerra global contra el terrorismo y la aprobación de leyes regresivas con respecto a los derechos políticos y sociales. El gobierno de Tony Blair, con el apoyo de los grupos parlamentarios, apostó, como era de esperar, por reforzar la legislación antiterrorista, agilizar la deportación de extranjeros sospechosos y vetar la entrada en el Reino Unido de personas con “una conducta inaceptable”. La policía también proponía ampliar a tres meses la detención preventiva de sospechosos de terrorismo, que hace sólo dos años se extendió a 15 días (El País, 22/07/2005).

A miles de kilómetros

En Fana (Malí), a miles de kilómetros de distancia de Gleneagles, se celebró, del 6 al 9 de julio, la 4a edición del Foro de los Pueblos, una iniciativa impulsada por la Coalition des Alternatives Africaines Dettes et Developpement (CAD-Malí), desde el año 2002, con el objetivo de construir alternativas desde los movimientos sociales coincidiendo con la cumbre anual del G8. En el 2005, el encuentro reunió a unos dos mil representantes de organizaciones africanas y algunos representantes de grupos europeos y americanos, que en el transcurso de cuatro días debatieron acerca de cuestiones relacionadas con el desarrollo en África, la deuda externa, el comercio internacional… En total se organizaron cuatro conferencias plenarias y ocho talleres sobre una amplia variedad temática como la soberanía alimentaria, los objetivos del milenio, la OMC, los servicios públicos, etc (Vega, 2005).

En su declaración final, el Foro de los Pueblos denunció al G8 por el incumplimiento reiterado de sus promesas: “El G8, institución ilegítima, ha situado en el centro de sus discusiones la reducción de la pobreza en África y el calentamiento del planeta. Pero las soluciones anunciadas han sido una vez más promesas de acción de caridad que no atacan las causas profundas de la pobreza y la desigualdad” (Vega, 2005a:2). A la vez, desde el Foro de los Pueblos se insistió en la necesidad de anular total e incondicionalmente la deuda externa, poner fin a la privatización de las empresas públicas y reclamar el derecho a la soberanía alimentaria y el rechazo a los Organismos Genéticamente Modificados (OGM).

Mucho ruido y pocas nueces

La cumbre del G8 en Gleneagles culminó, como es habitual, con una declaración donde sus máximos responsables se comprometían públicamente en la lucha contra el calentamiento global, contribuir al desarrollo en África, mejorar el comercio internacional… A grandes rasgos, la declaración de Gleneagles no dista mucho de las anteriores aprobadas en  Kananaskis, Evian y Sea Island. Los colectivos anti-deuda, grupos ecologistas e incluso organizaciones miembros de MPH declararon que las promesas del G8 quedaban muy lejos de acabar con la pobreza en África.

En materia de calentamiento global nada cambió o incluso se fue a peor. Según el comunicado de los 8: “Todos nosotros aceptamos que se está produciendo un cambio climático, y que la actividad humana está contribuyendo a él, y que puede afectar a cada rincón del planeta” (G8, 2005:1). ¿Pero qué decir de compromisos concretos, del protocolo de Kyoto que EEUU se niega a firmar o de la reducción de emisiones? Para Ecologistas en Acción, un compromiso genérico de estas características significa un paso atrás. Para WWF/Adena, el informe del G8 no significó un avance ya que no se establecían medidas concretas e incluso se ponía el énfasis en la iniciativa privada mientras no se comprometían nuevos fondos desde los países miembros del G8 (Vega, 2005a).

En relación al aumento de la ayuda a África, Tony Blair declaró en el Parlamento británico (11/07/2005) que la cumbre del G8 en Gleneagles había aprobado el mayor y más detallado paquete de medidas para África jamás acordado con anterioridad por los 8. Pero como denunciaban  desde el Observatorio de la Deuda en la Globalización (ODG), la promesa de aumentar la ayuda a los países empobrecidos en 50 mil millones de dólares en los próximos cinco años, de los cuales 20 mil millones irían a África, suponía una tomadura de pelo ya que la mayor parte de estas promesas correspondían a ayudas comprometidas anteriormente. A la vez que no se especificaba si las nuevas ayudas serían en forma de donaciones o de créditos, que incrementarían la deuda de los países más pobres, o si estarían ligadas a intereses comerciales de los donantes (ODG, 2005).

Respecto a la promesa de cancelación de la deuda externa multilateral de 18 países, según las organizaciones anti-deuda estos compromisos eran totalmente insuficientes y condicionados a la adopción de políticas neoliberales: “Insuficiente porqué cubre tan sólo a un grupo muy limitado de países. La propuesta del G8 excluye a la mayor parte de los países empobrecidos. (…) La lista de los países escogidos se hace a partir de los que han llegado al punto de culminación de la Iniciativa HIPC (Países Pobres Altamente Endeudados). Rara vez se dice que, para alcanzar dicho punto, los países acreedores han tenido antes que seguir a rajatabla las políticas económicas marcadas por el FMI” (Campaña ¿Quién debe a quién?, 2005). A parte, los grupos por la cancelación de la deuda apuntaban a la falta de credibilidad del G8 después de las múltiples promesas realizadas con anterioridad y que no habían sido cumplidas. En 1999, el G8 lanzó la Iniciativa HIPC reforzada prometiendo 100 mil millones de dólares de cancelación de deuda. Desde entonces, sólo se han hecho efectivos unos 30 mil millones y se han comprometido otros 20 mil más, pero ¿dónde están los otros 50 mil? (Campaña ¿Quién debe a quién?, 2005).

Como declaraba Tony Blair unos días antes del inicio de la cumbre oficial frente a las cámaras de televisión: “Aunque nada cambie, al menos lo habremos intentando”. Cómo él mismo afirmaba una vez finalizada la reunión oficial: “Los acuerdos de la cumbre no cambiarán mañana el mundo. Es el principio, no el final -y añadía- Un progreso significativo se ha hecho respecto a los principales temas” (UK Government, 2005:1). Mucho ruido y pocas nueces.

A modo de conclusión

La cumbre del G8 en Escocia puso sobre la mesa la capacidad del status quo para cooptar y presentar como propio un discurso antiglobalización moderado. A la vez que mostró el servilismo de algunas grandes ONG’s de desarrollo, como Oxfam Internacional y Action Aid, en relación al gobierno laborista e, incluso, en relación al G8. Por no hablar de aquellas ONG’s como DATA (impulsada por Bono, George Soros y Bill Gates) o Comic Relief (del magnate de la industria de los media británicos Richard Curtis) al servicio de los mismos que defienden un capitalismo de rostro humano.

La campaña MPH lejos de poner en cuestión al G8 y analizar las causas reales de la pobreza en África presentó al grupo de los países más ricos del planeta como unos interlocutores con voluntad de llevar a cabo cambios substanciales. A la vez que rehuyó toda crítica que pudiera poner en cuestión las buenas intenciones de Brown y Blair. MPH declaró públicamente que la guerra nada tenía que ver con la pobreza, justificando así la no aceptación de Stop the War Coalition como miembro de la coalición y rehuyendo cualquier mención a la intervención del gobierno británico en la guerra de Irak y sus consecuencias en las poblaciones locales. A pesar de los intentos por parte de ONG’s radicales en el seno de MPH, como War on Want, Friends of the Earth y World Development Movement para cambiar el rumbo de la coalición,  todo esfuerzo resultó en vano. El núcleo duro de la campaña tenía claros sus objetivos. Para el premier británico era urgente recuperar la credibilidad frente a la opinión pública y con este objetivo se autoproclamó ferviente defensor de la causa de los más pobres. Para Gordon Brown, que necesitará del voto de izquierdas en el Partido Laborista para ganar su liderazgo, qué mejor que presentarse como un referente del viejo laborismo en los tiempos modernos.

Pero en la campaña de marketing laborista no podían faltar Geldof, Bono and co, más interesados en la promoción de su imagen pública que en conseguir un cambio real de sistema. Su show business, Live 8, contribuyó a reforzar la visión de “pobre” África y a eliminar cualquier análisis político de la causas reales que condenan a este continente a la más extrema pobreza. Las pop stars como Madonna, Robbie Williams, Bjork, Mariah Carey, Annie Lennox, e incluso el magnate Bill Gates ocuparon el espacio de los activistas antiglobalización. Y el éxito del evento aportó millonarios beneficios a los artistas, a los promotores, a los productores y a patrocinadores como Time Warner, Ford Motor Company, Nokia y EMI Music. El mundo al revés.

A pesar de la buena voluntad de los millones de asistentes y tele-espectadores de los conciertos de Live 8 y de aquellos que participaron vestidos de blanco a la manifestación de MPH el sábado 2 de julio en Edimburgo, el discurso y la imagen transmitida más que apuntar al G8 como culpable de la pobreza en África lo señalaba como salvador y referente para llevar a cabo un cambio real en el planeta. ¿Pero cómo pueden acabar con un sistema aquellos que precisamente se enriquecen con él? MPH y Live 8 crearon en miles de personas unas expectativas que no pudieron cumplirse.

La movilización en motivo de la cumbre del G8 en Gleneagles respondió, principalmente, a una dinámica británica y escocesa, tanto en lo referente a sus actores como a los objetivos políticos que perseguía. El enorme peso de las ONG’s en la opinión pública británica y en los medios de comunicación es difícil de extrapolar a otros países. Y la implicación de organizaciones y redes internacionales fue muy débil, especialmente, si comparamos con contracumbres anteriores como la de Evian (2003) o Génova (2001). Para sectores del movimiento escocés, las masivas movilizaciones en Edimburgo, las mayores vistas nunca en la historia de Escocia, significaron un paso adelante en la construcción y fortalecimiento de un espacio de trabajo amplio y plural a nivel local y nacional escocés que abre una serie de oportunidades para el movimiento.

Los atentados del 7J en Londres tuvieron su impacto en Edimburgo. Los jefes de estado del G8 condenaron públicamente los ataques, pero en ningún momento reconocieron sus vínculos con  la implicación del gobierno británico en la guerra de Irak. Por el contrario, apostaron por reforzar la estrategia de guerra global contra el terrorismo. Las campañas y organizaciones sociales, concentradas en Escocia, expresaron su más contundente rechazó a los atentados y su solidaridad con las víctimas y sus familiares.

Pero a pesar de la cooptación del discurso antiglobalización y la complicidad de un sector del movimiento con el G8, la estela de Seattle y Génova se dejó oír los días previos al inicio de la cumbre oficial. Si la manifestación del sábado 2 de julio en Edimburgo fue capitalizada por sus principales promotores, MPH, la contracumbre del domingo 3 de julio así como los bloqueos que tuvieron lugar durante toda la semana y en especial la marcha a Gleneagles el mismo día en que comenzaba la cumbre, el 6 de julio, fueron patrimonio de los sectores anticapitalistas del movimiento. La celebración de la marcha a Gleneagles, pese a las múltiples prohibiciones, fue un éxito en sí misma. Más de cinco mil activistas bloquearon el sitio de la cumbre y miles policías y fuerzas antidisturbios con helicópteros de guerra tuvieron que proteger a los jefes de estado de los países más poderosos del planeta. Una vez más, el G8 se vió asediado por aquellos que denuncian sus políticas como causantes de la pobreza y las desigualdades.

Pero el impacto de las conferencias organizados por G8 Altrernatives y de los bloqueos y las acciones directas convocadas por múltiples colectivos no tuvieron el mismo peso que los conciertos de Live 8 ni de las bandas blancas de MPH. No se contó con el apoyo de las pop stars ni con el visto bueno del laborismo. Tampoco lo hubieran aceptado. Y es que nadie dijo que derrotar al G8 sería fácil, pero, a pesar de todo, miles de nosotros estuvimos en la calle.

Bibliografía

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Dissent! (2005) Presentación de la Red Dissent! en http://www.dissent.org.uk

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Pilger, J (2005) El pisoteo cortés del disenso y la verdad en http://www.rebelion.org

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Vega, L (2005) Sociedad civil y ONG celebran una contracumbre en Malí en respuesta a la reunión del G8 en http://www.canalsolidario.org

Vega, L (2005a) Les promeses del G8 queden lluny d’acabar amb la pobresa i el canvi climàtic a http://www.canalsolidari.org

*Artículo publicado en Ecología Política, núm. 29 (octubre 2005).

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