La cumbre euromediterránea de Barcelona +10: desencuentros y protestas

20/12/2005 at 11:10

Esther Vivas / Diagonal

La cumbre euromediterránea de jefes de estado y de gobierno celebrada en Barcelona el 27 y 28 de noviembre con el objetivo de relanzar el proceso de Barcelona y la Asociación Euromediterránea se saldó con mala nota para sus promotores. A pesar de la apuesta del presidente español Jose Luís Rodríguez Zapatero para dar a la cita el máximo nivel (las anteriores cumbres habían tenido el rango de ministros de exteriores), la ausencia de la mayor parte de los líderes árabes –a excepción del palestino Mahmud Abbas- y la falta de consenso en la definición del término terrorismo fueron los principales obstáculos del encuentro. En la calle, las manifestaciones, impulsadas por la campaña unitaria No al Mediterráneo del capital y la guerra, alternativas a Barcelona +10, del domingo, 27, por la mañana y por la tarde reunieron a cinco mil y a dos mil personas respectivamente. Una cifra un tanto escueta, pero que debe entenderse en la actual coyuntura de reflujo de la movilización social. Aún y así, las protestas consiguieron una amplia cobertura mediática y dejaron clara sus críticas a las políticas neoliberales aplicadas en el Mediterráneo.

Acuerdos de mínimos
La cumbre euromediterránea conmemorava los diez años de la cumbre que, en 1995, había reunido en Barcelona a la Unión Europea y a doce paíes de la orilla sur del Mediterráneo. Un encuentro que aprobó el lanzamiento del llamado Proceso de Barcelona y la Asociación Euromedierránea con el teórico objetivo de promover la democracia, las libertades e instaurar una zona de librecomercio para el año 2010 en la región. Unos objetivos que, respecto al avance y la mejora de las condiciones de vida de los pueblos del Mediterráneo, quedaban en papel mojado, y que, en el ámbito económico, profundizaba en la liberalización comercial y el apoyo a régimenes dictatoriales, a cambio de contraprestaciones económicas para las multinacionales europeas.

Para el presidente Jose Luís Rodríguez Zapatero, la cumbre de Barcelona significaba una oportunidad para jugar un papel determinante en el escenario internacional como artífice de un proceso de acercamiento político y económico entre las orillas del Mediterráneo, donde la iniciativa de una Alianza de Civilizaciones debería de ser la alternativa al unilateralismo norteamericano. La celebración, durante las mismas fechas, de la reunión del Grupo de Alto Nivel (GAN) de la Alianza en Palma de Mallorca (con Kofi Annan, Mohamed Jatamí, Federico Mayor Zaragoza…) fue buena prueba de ello. Pero los objetivos proclamados por la Alianza van por un camino, y la realidad de las políticas impulsadas por sus mismos promotores, como Zapatero, van por otro.

A pesar de la pompa y la cobertura mediática con que se vistió a la cumbre, los resultados finales no estuvieron a la altura de las expectativas. El encuentro concluyó sin la declaración final prevista, debido principalmente a los desacuerdos entre árabes e israelíes. Sin embargo, se aprobó una resolución de condena al terrorismo, que paradójicamente se sustentaba en la indefinición del término terrorismo (que para los israelíes y sus aliados tenía que incluir las luchas de resistencia y que los países árabes, evidentemente, se negaban a aceptar). También fue aprobada una segunda resolución con el objetivo de impulsar el desarrollo de la orilla sur del Mediterráneo en los próximos cinco años, unas perspectivas difícilmente creíbles cuando en la última década no se han llevado a cabo ninguno de los avances sociales previstos en la cumbre de 1995. Sobran las palabras.

Un marco de trabajo unitario
En el terreno de las protestas, la campaña No al Mediterráneo del Capital y la Guerra, alternativas a Barcelona +10 llegó a sumar a unas sesenta organizaciones, principalmente catalanas, en la línea de anteriores campañas antiglobalización y con un discurso radical y combativo, como bien indica su mismo nombre. Pero la campaña contó con muy poca implicación real de sus colectivos, no comportó una dinámica de creación activa de plataformas y comités locales, y le fue difícil trascender a los sectores más militantes y activistas debido, princialmente, a dos motivos. En primer lugar, a la coyuntura actual de reflujo de la protesta frente al gobierno Zapatero y de dispersión y desarticulación de las luchas sociales, en contraposición a la era Aznar; y, en segundo lugar, debido a la silenciación que hicieron los mass media del evento que sólo empezó a anunciarse una semana antes de su celebración y vinculándolo a informaciones referentes a seguridad y criminalización de la protesta, en un contexto de cierta pérdida de centralidad de las contra-cumbres,.

Aún así, la campaña tuvo un considerable eco mediático en el conjunto de actividades organizadas el fin de semana del 26 y 27 de noviembre. Entre éstas, destaca las jornadas de debate celebradas el sábado, 26, por la tarde con representantes de movimientos sociales de las orillas norte, sur y este y que analizaron las consecuencias del proceso de Barcelona en lo referente al libre comercio, la deuda, los derechos de las mujeres, la inmigración y la cuestión Palestina… y que reunió a más de 300 personas, superando las expectativas de los organizadores. El domingo, 27, se llevó a cabo la jornada de movilización con una manifestación por la mañana que recorrió el centro de la ciudad y otra por la tarde en dirección al recinto de la cumbre, en la zona Fórum.

Las protestas contra la cumbre euromediterránea son un ejemplo más a sumar al desgaste incipiente del gobierno Zapatero, que arrastra tras sí la crisis de Ceuta y Melilla; las movilizaciones contra el llamado Proceso de Bolonia de reforma de la Universidad; las protestas contra la regularización de expedientes en SEAT y el cierre de empresas como Miniwatt, entre otras; las tensiones fruto de la reforma estatuaria; las marchas de los pescadores y de los agricultores… Y es que las contradicciones de un gobierno social-liberal tarde o temprano emergen, aunque de momento sólo sea de forma parcial y limitada. Al final sólo es cuestión de tiempo.

*Publicado en Diagonal, nº19.

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