Barcelona +10: desacuerdos en la cumbre y acción en la calle

10/01/2006 at 10:58

Esther Vivas | Viento Sur

La cumbre euromediterránea de jefes de estado y de gobierno de Barcelona +10 celebrada el 27 y 28 de noviembre en Barcelona no estuvo a la altura de las expectativas de sus organizadores. A pesar de la pompa y de la cobertura mediática con que se vistió, la cumbre fue incapaz de aprobar una declaración final conjunta y se vio frustrada por la ausencia de casi la totalidad de los líderes árabes, a excepción del palestino Mahmud Abbas. En la calle, la campaña unitaria No al Mediterráneo del capital y la guerra, que sumaba a unas sesenta organizaciones catalanas, convocó a una serie de actos de protesta entre los que cabe destacar las manifestaciones del domingo 27 de noviembre por la mañana y por la tarde que reunieron a cinco y a dos mil personas respectivamente. A pesar de la limitada capacidad de convocatoria, las protestas obtuvieron una buena cobertura informativa y pusieron de manifiesto la condena a las políticas neoliberales aplicadas en el Mediterráneo.

10 años atrás
El encuentro euromediterráneo conmemoraba el décimo aniversario de la primera cumbre de ministros de exteriores de la Unión Europea y de doce países de la orilla sur celebrada el 28 de noviembre de 1995 en Barcelona. La cumbre de 1995 aprobó la creación de la Asociación Euromediterránea, o el también conocido como proceso de Barcelona, con los objetivos “teóricos” de establecer un espacio de paz y estabilidad en la región, impulsando el estado de derecho y la democracia; promover una zona de “prosperidad compartida” con la creación de un área de librecambio para el año 2010; favorecer el intercambio cultural; y avanzar en el proceso de paz en Oriente Medio. Como salta a la vista, diez años más tarde, la situación de los derechos humanos y las condiciones de vida en la región no han mejorado, sino todo lo contrario.

En el transcurso de esta década se ha profundizado en la aplicación de las políticas neoliberales en el Mediterráneo. Se ha promovido la deslocalización industrial norte-sur con el objetivo de buscar mano de obra barata, reducir costes y aumentar los beneficios para las empresas europeas. Se ha dado apoyo a regímenes dictatoriales como los de Mohamed VI en Marruecos, Abdelaziz Bouteflika en Argelia, Ben Alí en Túnez, Hosni Mubarak en Egipto… a cambio de contraprestaciones económicas, explotación de los recursos naturales a bajo coste, y mano dura con la inmigración. La situación en Oriente Medio es peor hoy que hace diez años: con el avance imparable del proyecto del gran Israel de Ariel Sharon y la ocupación militar en Irak. Y sólo por citar unos ejemplos.

Para el presidente español Jose Luís Rodríguez Zapatero, la cumbre de Barcelona era una oportunidad única para erigirse como artífice de un proceso de acercamiento político y económico entre las orillas del Mediterráneo y proyectarse como un actor clave en el escenario político internacional. No en vano la diplomacia española llevaba un año y medio preparando el evento y quisieron dar a la cumbre el rango de jefes de Estado y de gobierno, cuando las anteriores cumbres habían sido de ministros de exteriores. Pero el presidente de turno de la Unión Europea, el premier británico Tony Blair, prefería una cumbre de segundo nivel y no quiso invertir demasiados esfuerzos en el evento. Los tours promocionales del ministro de asuntos exteriores, Miguel Ángel Moratinos, por la región, sin la compañía de su homólogo británico, explican el poco interés y la falta de credibilidad que la iniciativa despertó entre los líderes del mundo árabe.

Sólo palabras
Así mismo, Zapatero tenía como objetivo vincular su propuesta de Alianza de Civilizaciones al proceso euromediterráneo. No en vano, durante las mismas fechas de la cumbre, se celebró en Palma de Mallorca el encuentro del Grupo de Alto Nivel (GAN) de la Alianza que reunió al presidente de Naciones Unidas, Kofi Annan; al expresidente iraní Mohamed Jatamí; al exdirector general de la UNESCO, Federico Mayor Zaragoza… con el objetivo de establecer un plan de trabajo para los próximos meses. El encuentro contó con la presencia del primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan, acusado por varias organizaciones de no respetar la libertad de expresión ni los derechos humanos en su país, y que desde julio copatrocina esta iniciativa. El encuentro contó también con la presencia ineludible del presidente Zapatero, quien expresó su satisfacción porqué la cumbre de Barcelona había mostrado su total respaldo a las propuestas del GAN.

La Alianza de Civilizaciones fue la iniciativa lanzada por Zapatero como alternativa a la estrategia unilateral de guerra global permanente de George W. Bush. Bajo una parafernalia de palabras como interculturalidad, intercambio, diálogo, entendimiento, respeto… Zapatero intenta hacerse un lugar en la escena política internacional. Por desgracia, las palabras de la Alianza y de Zapatero se quedan sólo en palabras. ¿Qué podemos esperar de un gobierno que manda al ejército cuando inmigrantes subsaharianos intentan cruzar las vallas de Ceuta y Melilla? ¿Qué paz, cuando se sacan las tropas de Irak para mandarlas inmediatamente a Afganistán? ¿Qué derechos humanos, cuando se apoya a gobiernos dictatoriales en el norte de África a cambio de contrapartidas económicas para las multinacionales españolas? Sólo palabras.

A pesar de la majestuosa puesta en escena y de la insistente repetición de qué la cumbre había sido un “éxito”, el análisis de los acuerdos apunta a todo lo contrario. La cita concluyó sin la declaración final conjunta prevista, debido principalmente a los desacuerdos entre los árabes y los israelíes, y sus aliados respectivos. Sin embargo, los jefes de estado intentaron salvar la cara aprobando dos resoluciones. En primer lugar, una resolución de condena al terrorismo, que paradójicamente se sustentaba en la indefinición del término terrorismo, que para los israelíes and co debía de incluir a las luchas de resistencia y que los países árabes se negaban a aceptar. En segundo lugar, se aprobó un plan  para impulsar el desarrollo de la orilla sur del Mediterráneo en los próximos cinco años, basado en la cooperación en política migratoria, liberalización del comercio agrícola, mejora de la educación y reformas políticas y económicas… Unas promesas de “desarrollo” difícilmente creíbles cuando se sustentan en políticas neoliberales y cuando en la última década no se han llevado a cabo ninguno de los avances sociales previstos en la cumbre de 1995.

Campaña unitaria
En el terreno de las protestas, la campaña unitaria No al Mediterráneo del Capital y la Guerra, alternativas a Barcelona +10 organizó la convocatoria de acciones contra la cumbre gubernamental. La iniciativa de movilización fue aprobada en el marco del 1r Foro Social Mediterráneo (FSMed), que tuvo lugar en Barcelona del 16 al 18 de junio del 2005, con voluntad de ser una convocatoria regional. A mediados de septiembre se constituyó, en Barcelona, un marco de trabajo unitario que llegó a sumar a unas sesenta organizaciones, principalmente catalanas, en la línea de anteriores campañas antiglobalización (con grupos de estudiantes, inmigrantes, partidos políticos, mujeres, plataformas locales, sindicatos, colectivos de solidaridad…), con un discurso radical y combativo, como bien indica su mismo nombre.

Pero la campaña no contó con la implicación real de los colectivos adheridos, y la iniciativa se sustentó en los núcleos más militante de activistas. Así mismo, no se generó una dinámica de creación de plataformas y comités locales contra la cumbre euromediterránea, como se había dado en motivo de campañas anteriores. Y fue difícil trascender a los sectores militantes y llegar a un público más amplio susceptible de conectar con las críticas a Barcelona +10. A nivel internacional, se evidenció la dificultad de coordinación de las luchas en el Mediterráneo, y las movilizaciones tuvieron un impacto básicamente local, aunque con la presencia simbólica de representantes de organizaciones de las orillas sur y este, que en esas mismas fechas participaban en la 7a asamblea internacional del FSMed.

Algunas de las causas que explicarían este impacto limitado serían: la dinámica internacional del movimiento; la coyuntura política actual y la silenciación que los mass media hicieron de la cumbre las semanas previas al evento. En primer lugar, el carácter local de las movilizaciones se enmarca en un contexto donde las protestas durante las cumbres, a pesar de seguir siendo importantes, han perdido una cierta capacidad de centralización y estructuración del movimiento a escala internacional.

En segundo lugar, en el Estado español, nos encontramos ante coyuntura de reflujo de la protesta frente al gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero, quien con una serie de concesiones como la retirada de las tropas de Irak, la paralización del Plan Hidrológico Nacional, la aprobación de la Ley contra la violencia hacia las mujeres y la Ley a favor del matrimonio entre parejas del mismo sexo… ha contentado a sectores sociales moderados, y ha provocado una importante desmovilización social y la pérdida de capacidad de respuesta por parte de los movimientos. Aún así, parece que empiezan a despuntar algunas protestas, aunque débiles y aisladas, como las movilizaciones contra el proceso de reforma de la universidad; las manifestaciones de ganaderos y pescadores; las demandas para la regularización sin condiciones de los inmigrantes… Una situación a la que se suma una dinámica de dispersión y desarticulación de los movimientos sociales en Cataluña, en la que no existen campañas e iniciativas capaces de aglutinar a un espectro tan amplio y plural de organizaciones y colectivos como en el período de protestas anterior, y que contribuye a debilitar la capacidad de impacto social y político del movimiento y de desgaste del ejecutivo.

En tercer lugar, hay que señalar también la silenciación del evento que hicieron los medios de comunicación las semanas previas a su celebración, en un contexto de cierta pérdida de centralidad de las contracumbres. No fue hasta una semana antes de la cumbre que los medios de comunicación empezaron a anunciar la cita, y cuando esto se produjo la mayor parte de noticias se centraron en cuestiones referentes a la seguridad del evento y la criminalización de la protesta.

Pero a pesar de sus limitaciones, la campaña tuvo un considerable eco mediático, coincidiendo con la celebración de la cumbre oficial, y el conjunto de actividades organizadas el fin de semana del 26 y 27 de noviembre tuvieron una buena cobertura informativa. Cabe destacar las jornadas de debate, del sábado, 26, por la tarde que reunieron en el CCCB a más de 300 personas, superando las expectativas de los organizadores. Las jornadas contaron con la presencia de ponentes de otros países del Mediterráneo como la feminista y escritora egipcia, Nawal al Saadawi; la activista de Marruecos, Lucile Daumas; y representantes de organizaciones palestinas, francesas, de grupos de inmigrantes y de organizaciones contra la deuda. Las jornadas permitieron analizar las consecuencias del libre comercio, el impacto de la deuda y los derechos de los inmigrantes y de las mujeres en la región. La jornada de movilización del domingo, 27, con manifestaciones por la mañana, en el centro de la ciudad, y por la tarde, en dirección al recinto de la cumbre (en la zona del Foro), reunió a cinco mil y a dos mil personas respectivamente.

Las movilizaciones contra la cumbre euromediterránea se suman al desgaste que el gobierno Zapatero arrastra con la crisis de Ceuta y Melilla, las movilizaciones contra el proceso de Bolonia de reforma de la universidad pública; las protestas contra la regularización de expedientes en SEAT, entre otras. Pero en estos momentos el principal elemento de desgaste del ejecutivo de Zapatero viene precisamente desde la derecha y esta coyuntura dificulta aún más el margen de maniobra de los movimientos sociales. Frente al auge del españolismo más conservador, la capacidad de incidencia por parte de las izquierdas parece aún más débil. Es, en este contexto, donde se hace indispensable una respuesta desde los movimientos para superar la ola movilizadora derechista y anteponer las demandas sociales.

Publicado en Viento Sur nº 84, enero 2006.

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