La izquierda catalana tras el 9 de marzo

14/05/2008 at 14:51

Josep Maria Antentas y Esther Vivas | Viento Sur

Las elecciones del 9 de marzo (9M) llegaron después de un largo período marcado por el fin de las grandes movilizaciones de los años 2000-2004 y por una fuerte tendencia a la dispersión y fragmentación de las luchas. A ello hay que añadirle una considerable debilidad de las izquierdas sindicales, y de la izquierda anticapitalista catalana en el plano político (con algunas excepciones municipalistas), a pesar de su rol significativo en el terreno social. Éstas son tendencias de fondo parecidas a las del conjunto del Estado español. El 9M llegó también en un momento donde la situación política catalana había dejado relativamente atrás el debate estatutario que dominó la situación política del país desde su comienzo hasta el referéndum del 18 junio de 2006 y hasta las elecciones autonómicas del 1 de noviembre de 2006[1] (aunque éste podría volver como un boomerang en función de lo que dictamine el Tribunal Constitucional).

La situación de dispersión de los movimientos sociales, la fragmentación de la izquierda sindical y la debilidad de la izquierda anticapitalista quedaron patentes durante la crisis de cercanías del pasado otoño cuando, en un contexto que tenía objetivamente un gran potencial, fue imposible desencadenar una iniciativa movilizadora que conjugara la  defensa del transporte público, de los derechos laborales y de la transferencia de competencias. La parálisis de la izquierda anticapitalista y de la izquierda social acabó permitiendo a la postre que fuera CiU quien capitalizara la situación con su desembarco en la manifestación masiva del 1 de diciembre (la segunda gran manifestación que ha habido en Catalunya en estos últimos cuatro años, junto con la del 18F de 2006 después del pacto Mas-Zapatero) convocada por la Plataforma pel Dret a Decidir. Ésta tuvo el mérito de llevar adelante la única iniciativa significativa ante la crisis de cercanías pero con un discurso sólo escorado hacia una reivindicación de tipo nacionalista y en una forma y método que no facilitó contener la hegemonización de la misma por CiU, ni establecer lazos con sectores sindicales, vecinales y ecologistas.

En estos últimos cuatro años, han existido numerosos conflictos y protestas en Catalunya  pero en general éstas han sido muy defensivas, aisladas, con una base social reducida y con dificultad para trascender a sus núcleos impulsores y a los sectores organizados. Aún así, podemos señalar ciertas excepciones importantes como algunas campañas en defensa del territorio con amplio apoyo, en particular la No a la MAT (la línea de Muy Alta Tensión para la interconexión eléctrica con Francia) y también la Campanya contra el IV Cinturó, temas que, además, generan contradicciones fuertes sobre ICV-EUiA y ERC. También hay que remarcar, en otro sentido, las movilizaciones por una vivienda digna que arrancaron el verano de 2006 y que han tenido una cierta capacidad de actuar como polo de atracción (aunque éstas perdieron en la segunda mitad del 2007 un cierto impulso ya sea por las dificultades de mantener un movimiento en alza de forma sostenida en el tiempo o por el impacto propagandístico de las medidas de escaparate promovidas por el gobierno del PSOE).

De todos modos, pese a la dispersión de las resistencias y a la pérdida de su carácter de masas, en estos últimos años se han dado numerosas iniciativas significativas a pequeña escala, “por debajo”, (algunas luchas sindicales combativas, protestas barriales, experiencias de economía solidaria, cooperativas de  consumidores de productos ecológicos, medios de comunicación alternativos, iniciativas editoriales…) que han demostrado la existencia de capas militantes reducidas pero dinámicas y de un franja social combativa frente al neoliberalismo, que puede ser la base para un nuevo impulso de las luchas.

Un cierto repunte de la movilización

De hecho, en los meses anteriores a las elecciones del 9M se ha dado un repunte importante de las protestas, en particular con la emergencia de algunos conflictos sindicales significativos, aunque es todavía pronto para valorar la consistencia de este repunte y señalar si estamos en los inicios de un cambio de ciclo en la dinámica de las luchas sociales. Varios han sido los episodios destacados.

Desde octubre pasado hasta enero los trabajadores de la empresa FRAPE, con un comité de empresa con mayoría de la Federación de Trabajadores de Catalunya (FTC) afiliada a la Internsindical Alternativa de Catalunya (IAC), protagonizaron una valiente resistencia a los planes de reestructuración empresarial, la primera de este tipo desde el cierre de Miniwatt en marzo de 2005. El resultado del conflicto ha sido una semi-derrota, como era inevitable vista la desigualdad de fuerzas, pero esto no quita ni el mérito de la lucha ni el ejemplo dado.

Justo antes de navidad emergía con fuerza el conflicto de TMB en defensa de los dos días de descanso semanal, impulsado por CGT y la ACTUB (un sindicato de conductores), sin duda la lucha sindical más relevante en los últimos tiempos, y de las pocas que tiene un carácter ofensivo. El carácter estratégico del mismo salta a la vista (algo que tienen muy claro los propios responsables de TMB y las autoridades políticas). Una eventual derrota sería un elemento más a añadir a la dinámica de desmoralización y de falta de confianza entre los/las trabajadores/as en general. Una eventual victoria, al contrario, puede actuar como un cierto revulsivo y como una “palanca” simbólica en otros sectores. De ahí que el grueso de la izquierda anticapitalista catalana se haya volcado en apoyar la lucha.

El 26 de enero tuvo lugar el Foro Social Catalán (FSCat), con un balance que superó las expectativas existentes. Éste se convirtió en la primera actividad unitaria, amplia y exitosa de tipo general realizada en mucho tiempo, con un amplio eco y un papel federador entre los movimientos y las organizaciones sociales, tras un periodo marcado por la  fragmentación y la dispersión. Conviene señalar la práctica ausencia de la izquierda parlamentaria y de los sindicatos mayoritarios que se descolgaron del proceso, más allá de una presencia testimonial. La buena dinámica del Foro puso de manifiesto como tras un largo periodo de  fragmentación y repliegue, una parte importante de las organizaciones y de los movimientos sociales catalanes sentían la necesidad de “encontrarse”, de “verse” y de reunir fuerzas. La  conciencia de esta necesidad de sumar y de trabajar en común, en un periodo de debilidad, explica el buen clima de trabajo unitario que presidió el Foro y el interés que despertó la Asamblea de Movimientos Sociales, incluso entre los núcleos militantes que no habían participado en su preparación. El Foro dejó sensaciones positivas y un buen estado de ánimo entre sus participantes y sirvió para inyectar energías y “recargar las pilas”[2].

Después del FSCat, la dinámica de ascenso moderado de las luchas continuó. El 4 de febrero empezó la huelga de hambre de los despedidos de SEAT, que volvió a dar impulso y visibilidad a una lucha que había perdido fuelle, prolongándose hasta el 20 de febrero cuando la empresa anunció verbalmente que aceptaba el reingreso de todos los despedidos, incluidos aquellos que habían ido por la vía judicial. El 14 de febrero tuvo lugar la masiva huelga de profesores contra la LEC, convocada unitariamente por todos los sindicatos. La manifestación de 50.000 personas, reflejo tanto de la oposición al proyecto de ley como del malestar general de la comunidad educativa, sobrepasó cualquier previsión. El parón posterior y la entrada en una incierta lógica negociadora por parte de los sindicatos, sin embargo, ha congelado, al menos por el momento, una dinámica que hubiera podido dar mucho más de sí, aunque el sindicato mayoritario en el sector, la USTEC, ya ha anunciado la posibilidad de otra huelga si no hay un cambio de fondo en el proyecto del Govern, aunque presumiblemente ésta se haría ya con el descuelgue de CCOO y UGT.

El 1 de marzo unas 5.000 personas participaron en la convocatoria de V de Vivienda bajo el lema “Ni casa, ni vida ni res, no arribem a final de mes”, mostrando que el movimiento en defensa del derecho a la vivienda sigue manteniéndose, aunque haya perdido, al menos por ahora, su dinámica ascendente. Poco después, el 6 de marzo tuvo lugar la jornada de lucha convocada por la Plataforma Mobilitzadora en Defensa de la Universitat Pública (PMDUP) en oposición al proceso de Bolonia, justo dos días despues que los Mossos de Esquadra desalojaran, con particular violencia, la ocupación de la Facultad de letras de la UAB. Aunque de impacto desigual en función de cada campus (siendo más fuerte en la UAB donde la jornada de lucha incluía la convocatoria explícita de huelga entre los estudiantes y a la que se sumaron también los profesores e investigadores precarios), la jornada volvió a meter al movimiento estudiantil en primer plano, con los clásicos efectos revitalizadores que esto tiene en el clima político general. En paralelo, durante toda la semana, los conductores de TMB protagonizaron la segunda tanda de huelgas de su largo conflicto, en una nueva demostración de fuerza.

Finalmente, en vísperas de las elecciones, tuvo lugar la tradicional manifestación del 8 de marzo (que no fue prohibida a diferencia de otros lugares), ligeramente más masiva que en años anteriores y, sobretodo, con un enfoque mucho más militante y combativo, como reacción a la ofensiva reciente de los sectores conservadores en la cuestión del aborto y del modelo de familia. El 8 de marzo mostró síntomas de una cierta reactivación y rejuvenecimiento del movimiento feminista catalán, aunque siguen pesando mucho las inercias institucionalistas de los últimos años, así como las trabas al desarrollo del movimiento por parte de las organizaciones de mujeres ligadas a la izquierda institucional.

Todas estas movilizaciones han demostrado, una vez más, el divorcio existente entre los sectores más dinámicos de la izquierda social y la izquierda parlamentaria, y la existencia de un malestar social real y de una creciente, aunque todavía limitada, capacidad de lucha contra las políticas gubernamentales social-liberales. La Asamblea de Movimientos Sociales celebrada en ocasión del FSCat, fue un ejemplo gráfico de esta situación. Como señala Lluís Rabell: “La resolución final de la asamblea de movimientos, en su listado de campañas, establecía una letanía de conflictos… con las orientaciones y la práctica de este gobierno [el de la Generalitat]: en lo tocante a la defensa del territorio (contestando proyectos agresivos como la interconexión eléctrica con Francia o el Cuarto cinturón); en la defensa de las empresas en lucha (cuyas plantillas se han visto desamparadas o chantajeadas por propia Conselleria de Treball); en cuanto a las reivindicaciones planteadas en empresas gestionadas por la izquierda (como la reivindicación de los dos días en TMB); en el terreno de la defensa de los servicios públicos (frente a las políticas privatizadoras de la “entesa” en sanidad, enseñanza o transportes)… por no hablar de las libertades[3].

Efectos del 9M en la izquierda

Los resultados en la izquierda muestran, como ya es sabido, un fuerte retroceso de ERC y también de ICV-EUiA, reforzando la hegemonía del PSC, aunque sin llegar a la situación del casi “monopartidismo en la izquierda”[4] como sucede en el panorama de conjunto del Estado español, marcado por la crisis de IU y la hegemonía del PSOE. Los retrocesos de ERC e ICV-EUiA obedecen a múltiples causas, entre ellas evidentemente el voto útil “anti-PP” o la dinámica bipartidista pero, a pesar de los intentos de sus direcciones de atribuir sólo a este factor el descenso electoral, está claro que los malos resultados tienen que ver también con su orientación política de fondo y con la desafección de una parte de su electorado respecto a las políticas de subalternidad al PSC (las cuales, sobretodo en el caso de ICV-EUiA acrecientan la propia dinámica del voto útil al no buscar diferenciaciones con los socialistas).

ERC es una formación que tiene un electorado muy heterogéneo y “fronterizo” con muchas formaciones a la vez y las razones de su hundimiento electoral son múltiples (voto útil haca el PSC, voto nacionalista en busca de un referente más “serio” y estable hacia CiU, voto descontento con el pragmatismo hacia la abstención…). Sus malos resultados y la crisis interna en la que está sumida testimonian los callejones sin salida en los que se ha visto inmersa en los últimos cuatro años y los magros frutos de su apuesta gubernamentalista. Aunque ERC ganó simpatías entre algunos sectores militantes en el comienzo del primer govern Tripartit cuando empezó el acoso brutal de la derecha contra ella y al final del debate estatutario, la realidad es que es una formación alejada de las luchas sociales (quizá con excepciones locales), con una cultura de gobierno de gestión social-liberal, y que no constituye una referencia en positivo ni para la izquierda social, ni para los sectores independentistas más militantes.

Por su parte, ICV-EUiA ha aparecido estos últimos años como una formación supeditada al PSC que no influye significativamente en la política de éste y que tampoco encarna ningún tipo de política alternativa, sino que, al contrario, se hace corresponsable de políticas social-liberales…y represivas, que chocan con los valores y el programa de dicha coalición y con sectores de su base social. De hecho, en este último período los movimientos sociales alternativos y los sectores más combativos de la juventud se han visto confrontados directamente a la política de ICV en reiteradas ocasiones, en particular a través de las intervenciones represivas de los Mossos de Esquadra que, francamente, casan muy mal con el “ecopacifismo”. Éstas pasan factura entre los sectores progresistas de capas medias (el sector prioritario al cual se orienta ICV) y entre los sectores más combativos. La asunción de ICV de la Conselleria de Interior selló definitivamente la ruptura entre esta formación y los segmentos más combativos de los movimientos alternativos y de la juventud, que venía ya de lejos. Las elecciones municipales del 2007 iniciaron ya un declive electoral de ICV-EUiA y rebelaron que el ascenso experimentado en las autonómicas de otoño de 2006 tras el primer govern Tripartit era una ilusión fruto de circunstancias coyunturales muy particulares (ligadas a las vicisitudes del debate estatutario que silenció otros temas, a toda la dinámica de crisis recurrente del primer Tripartido desde el viaje a Perpiñan de Carod-Rovira…).

Si la factura de la política de subalternidad empieza a ser alarmante ya para ICV (empantanada después del 9M además con la polémica sobre el trasvase del Segre), lo es aún mucho más para EUiA, una formación que juega un rol marginal en la política institucional catalana y que lucha por sobrevivir. Ésta se ha convertido hace años en un “proyecto fallido” que se fue vaciando progresivamente de militancia por debajo hasta convertirse en una estructura ranqueante, sin una presencia social real y con una escuálida presencia institucional (dependiente esencialmente del acuerdo con ICV), cuya conservación es la razón de ser de la estrategia política de su aparato dirigente.

Teniendo una presencia marginal en el gobierno de Entesa, ha sido plenamente cómplice de su política, se ha dejado disciplinar periódicamente por ICV en las ocasiones donde tenía tentaciones de desmarcarse y ha permanecido fiel a la orientación de las burocracias sindicales en las luchas laborales más destacadas. Los resultados muestran el hundimiento de su base social. Como indica Lluís Rabell: “Los dirigentes de ICV han tratado de hacer trampa atribuyendo el descalabro a la crisis interna de IU, pretendiendo que “el proyecto ecosocialista gozaba de buena salud”. Se trata de una gran mentira, que contiene no obstante un parte de verdad. La caída de la coalición ICV-EUiA en Catalunya es de muy parecidas proporciones a la que ha sufrido IU en el conjunto del Estado. Y, por supuesto, es abusivo atribuir a la incapacidad de EUiA para conectar con su electorado el hundimiento espectacular registrado en el primer cinturón de Barcelona, el de la clase obrera tradicional: en el caso de Badalona, L’Hospitalet o Santa Coloma estamos hablando de alrededor de un 50 % de sufragios perdidos. La parte de verdad, sin embargo, es que ahí está el público más genuino de EUiA[5].

En esta situación, aquellos sectores de EUiA, como el PSUC-Viu, que han mostrado una oposición, aunque plagada de matices y contradicciones, a la orientación de dicha formación, tienen ante sí una verdadera disyuntiva: o se adaptan resignadamente y a regañadientes a un papel de minoría opositora sin perspectivas priorizando cálculos de aparato (por lo demás muy “cortoplacistas”) u optan por orientarse hacia la construcción de una izquierda anticapitalista y combativa fuera del mundo de EUiA. El miedo al vacío que justifica la primera opción sólo va a comportar una muerte lenta inexorable…y/o crecientes adaptaciones al realismo gubernamentalista.

Construir una izquierda de combate

Frente a esta situación es necesario seguir trabajando para construir una verdadera izquierda anticapitalista y de combate en Catalunya, que busque organizar a los sectores populares contra las políticas neoliberales y que pueda convertirse en una alternativa creíble a la izquierda institucional hegemónica, en un contexto donde la conjunción entre el desplazamiento a la derecha de ésta, el impacto prolongado de las políticas social-liberales, y la existencia de sectores (aún pequeños) en lucha abren un espacio para una izquierda anticapitalista. Un espacio, sin embargo, como señala Bensaid  que no es “un espacio vacío que bastaría con ocupar, sino un campo de fuerzas atraídas por potentes polos magnéticos. Un espacio atravesado por trayectorias que tienen bifurcaciones y retrocesos desconcertantes, particularmente inestable por la gran distancia entre recomposiciones políticas y recomposiciones sociales”[6]. No hay fórmulas mágicas para construir una izquierda de combate, ni vías rápidas que permitan quemar etapas, ni modelos para copiar.

Aunque sea un tópico decirlo hay que fomentar la convergencia en las luchas de los distintos sectores de la izquierda combativa, así como profundizar la discusión directa entre sus principales fuerzas organizadas: las diferentes organizaciones de la izquierda anticapitalista; la izquierda independentista, que hoy constituye la corriente (internamente plural) más implantada territorialmente a través de la Candidaturas de Unidad Popular (CUP); las candidaturas municipales alternativas (como las existentes en el Vallès Occidental, Santa Coloma…); los sectores más a la izquierda que todavía permanecen en EUiA…

Junto con las confluencias entre los sectores organizados, el gran reto de fondo es articular un referente político atractivo para el grueso de militantes hoy desorganizados, para los sindicalistas combativos y los activistas sociales, que a pesar de luchar contra las políticas de la izquierda social-liberal se encuentran con el dilema de votar instrumentalmente por ésta (en sus diversas opciones partidarias) frente a la derecha o quedarse en la abstención resignada. A pesar del escepticismo existente en el grueso de los activistas sociales acerca de la posibilidad de articular una alternativa anticapitalista en el plano político, también es verdad que la necesidad de la misma aparece crecientemente de forma evidente ante los ojos de muchos de éstos, aunque a veces dicha necesidad se exprese de forma imprecisa o contradictoria. El efecto prolongado de las políticas neoliberales, el ascenso de una derecha a la ofensiva, las experiencias de izquierda en latinoamérica, las dificultades experimentadas por las luchas sociales después del boom inicial del movimiento “antiglobalización”…han ido haciendo evidente progresivamente, aunque de forma todavía muy balbuciente, los límites del “movimentismo” a secas y de la “ilusión social” de autosuficiencia de los movimientos sociales[7]. El avance de las candidaturas municipales alternativas expresa, en el ámbito local, esta constatación.

Los pasos para avanzar en dirección a la construcción de una izquierda anticapitalista y de combate deben ir en paralelo al refuerzo de las luchas sociales y a intentar consolidar el repunte de éstas en los últimos meses. Más en general, los movimientos sociales catalanes tienen el doble reto de profundizar su arraigo local, concreto, y fortalecerse “por debajo” y, en paralelo, crear formas de  articulación que eviten el aislamiento de las resistencias sociales a través de  espacios como los foros, campañas y redes concretas, o la Asamblea de Movimientos Sociales surgida del FSCat (sin tener expectativas ilusorias respecto a ésta). Ambas cosas son necesarias y  complementarias y conviene no realizar falsas oposiciones estériles, como a veces se hace, entre trabajo “de base o local” y coordinación de las luchas[8].

El período que ahora comienza estará marcado por el impacto de la crisis económica y por la consolidación del giro a la derecha por parte del segundo gobierno Zapatero. Preparar la resistencia a las medidas de ajuste que van a llegar y seguir trabajando para construir una alternativa anticapitalista son las tareas, tan necesarias como complejas, que tenemos por delante.


[1] Acerca del mismo puede consultarse, por ejemplo: Fradera, J y Martínez, R. “El estatut: mito y realidad” en Viento Sur nº 83, 2005. p. 70-76 y Fradera, J. “Catalunya entre un Estatuto descafeinado y un nuevo mivimiento soberanista” en Viento Sur nº 86, 2006. p. 119-124

 

[2] Antentas, JM y Vivas, E. “Foro Social Catalán: un primer balance” (http://www.espacioalternativo.org/node/2583)

[3] Rabell, Ll. “El descalabro de IU y el modelo catalán” en http://www.revoltaglobal.cat/article1522.html

[4] Guitart, J. “Los resultados de la izquierda: monopartidismo” en Diagonal nº 74, 2008.

[5] Rabell, Ll. “El descalabro de IU y el modelo catalán” en http://www.revoltaglobal.cat/article1522.html

[6] Bensaid, D. “Retornos de la política” en Viento Sur nº 95, 2008. pp. 81-92.

[7] Bensaid, D. “Sobre el retorno de la cuestión político-estratégica” (http://www.vientosur.info)

[8] Antentas, JM y Vivas, E. “Foro Social Catalán: un primer balance” (http://www.espacioalternativo.org/node/2583)

Artículo publicado en Viento Sur, nº97 mayo 2008.

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