Mesa sin rumbo

17/01/2018 at 23:42

[en català]

Esther Vivas | El Periódico

Ya hay Mesa, y la nueva legislatura arranca. Sin embargo, se desconoce el rumbo. El independentismo se ha asegurado la mayoría, repitiendo el control del órgano que ya tenía en la legislatura pasada, y la propuesta de incluir a los comuns ha quedado en agua de borrajas. La presencia de mujeres se ha visto reducida a la mínima expresión, una sobre siete. La pluralidad política y de género no está ni se la espera.

El independentismo ganó el 21-D con un voto más defensivo, contrario al 155 y por la recuperación de las instituciones legítimas, que no de apoyo a una hoja de ruta futura que ni los partidos independentistas ni la Assemblea Nacional Catalana supieron definir. Tras el cenit de octubre, ha entrado en una crisis estratégica. La hipótesis de una independencia fácil (de tránsito plácido de una legalidad a otra) o la posibilidad de forzar al Estado a negociar se han esfumado.

Hay dos opciones para los independentistas: mantener el paradigma estratégico seguido desde el 2012 o buscar una refundación que permita una alianza con los sectores partidarios del derecho a decidir, con el objetivo de construir un bloque político y social más amplio, conectando con sectores hasta el momento ajenos a la independencia. Sin embargo, esto implica poner el énfasis en la apertura del proceso constituyente y en un plan de choque contra la austeridad. Medidas, en especial esta última, que casan muy poco con la ideología de Junts per Catalunya. Lo que apunta, como señala la exclusión de los comuns de la Mesa, que se mantiene la primera opción.

Retroceso en igualdad

El 21-D dio lugar al Parlament con el mayor número de diputadas. Pero esto no ha quedado reflejado de ninguna manera en la constitución de la Mesa. Al contrario, se ha dado un retroceso incluso respecto la legislatura anterior, donde había 3 mujeres sobre 7, y se ha incumplido lo que marca la Llei d’Igualtat aprobada por el mismo Parlament. Un retroceso injustificable.

La gran pregunta ahora, una vez resuelta la composición de la Mesa, es qué hará Carles Puigdemont. ¿Empujará al órgano rector del Parlament a forzar la interpretación del reglamento para conseguir su investidura con las consecuencias penales que tendría para sus miembros y la más que probable impugnación del Tribunal Constitucional? ¿Renunciará a la investidura para ocupar un lugar simbólico desde Bruselas, con una mano derecha pilotando aquí el mando presidencial? O, ¿regresará para tomar el cargo? Y, ¿qué pasará con el yugo del 155? Y más allá de la formula presidencial, ¿qué camino tomará el nuevo gobierno? La improvisación y la falta de horizonte, parece, marcaran la tónica.

Por ahora, Junts per Catalunya quiere sacar el máximo rédito de una investidura que implica un nuevo choque con el Estado. Pero seguir haciendo pivotar toda la estrategia independentista sobre el president implica un beneficio a muy corto plazo. El día después es toda una incógnita, y la hegemonía de Junts per Catalunya, el desconcierto de ERC y la debilidad de la CUP y los comuns no hace presagiar nada bueno.

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