“Cuando las grandes empresas entran en el sector ‘bio’, hay que marcarles el terreno desde el minuto 0”

26/01/2018 at 16:41

Pedro Burruezo | The Ecologist

Los supermercados y las grandes multinacionales están entrando con fuerza en el sector de la alimentación ecológica. ¿Se trata de una buena o una mala noticia? Lo hablamos con la periodista Esther Vivas, que lleva más de diez años trabajando en el sector del consumo “bio”. Su último libro El negocio de la comida. ¿Quién controla nuestra alimentación? llegó el año pasado a su 3a edición con nuevos contenidos.

PB-El mundo de lo “bio” se está democratizando… Para empezar, esto es una buena noticia. Sin embargo, el hecho del asalto al sector de las grandes superficies a lo ecológico levanta sospechas, y alegrías. ¿Tú cómo ves este asunto? ¿Es posible ser imparcial?

EV-La imparcialidad es imposible porque el asunto obliga a posicionarnos. Aunque entre aquellos que están totalmente a favor o en contra… hay una amplia escala de grises. No es un tema fácil, ya que nos enfrentamos a una realidad que irá a más en los próximos años y que, se puede argumentar, permite a más consumidores acceder y conocer estos productos. Sin embargo, pienso que es necesario hacernos dos preguntas. La primera, si consideramos la alimentación “bio” una herramienta de transformación social y medioambiental, ¿pueden ser los supermercados, que basan su negocio en unas injustas relaciones de producción, distribución y consumo, agentes de este cambio? Creo que no.

Segundo: ¿Los beneficios que aporta la entrada de los “súpers” en el sector ecológico son superiores a sus perjuicios? Aunque a corto plaza podamos ver más beneficios (aumento de ventas, mayor difusión de lo “bio”), a medio y largo plazo creo que los perjuicios son superiores (productores dependientes de estas grandes empresas, concentración industrial y control de los precios). Los impactos negativos de la gran distribución en la agricultura y la alimentación convencional nos indican hasta dónde pueden llegar sus malas prácticas.

Otros peligros

PB-Por otro lado, algunas grandes empresas españolas que han sido pioneras del sector están siendo adquiridas por otras grandes empresas y/o por fondos de inversión. Quizás esto es más peligroso, ¿o no?

EV-Sí. Aquí el problema aún es mayor porque, en muchas ocasiones, no somos ni conscientes de ello. Pensamos que seguimos comprando a las empresas familiares y de proximidad “bio” de siempre, pero en realidad ahora están gestionadas por multinacionales, holdings o sociedades de capital riesgo, con lo que esto implica. Esta dinámica va dejando al sector en manos de grandes empresas que anteponen sus beneficios al respeto de los derechos sociales, laborales y medioambientales.

PB-Aunque, por otra parte, el sector está creciendo tanto que es posible que haya lugar para todos. Y, por otro lado, tampoco es incompatible comprar en pequeñas tiendas y mercados y, cuando es necesario, también adquirir productos ecológicos en grandes superficies. ¿Todos los hacemos, no? Seamos consecuentes… También ya están entrando Amazon y otros. ¿Es un proceso imparable?

EV-Que teóricamente sea un proceso imparable no quiere decir que lo tengamos que aceptar si lo consideramos negativo. Creo que hay que diferenciar entre lo que hace el consumidor por un lado y las organizaciones del sector e instituciones públicas por el otro. No se puede exigir coherencia absoluta al consumidor, porque es imposible. Aunque sí señalarle las contradicciones que implica la compra-venta de productos “bio” en el súper, y cuáles son las alternativas. En relación al sector y al ámbito institucional, si se apuesta por la alimentación ecológica como instrumento de transformación hay que tener claro que los supermercados no lo son; en cambio sí que hay otros agentes que promueven cambios de fondo, a los cuales es imprescindible apoyar. La cuestión no es el tamaño de la empresa en sí, sino el modelo de relaciones de distribución, producción y laborales que hay detrás.

Minuto 0

PB-¿No crees que, tarde o temprano, las grandes empresas querrán tomar el poder en el sector y, por tanto, es mejor ser prudentes, no rechazarlos, acompañarlos… para tenerles más cerca, conocerles, saber cómo lo van a hacer y poder tomar medidas encaminadas a minimizar el impacto?

EV-Creo que ya sabemos de qué pie cojean estas empresas. Y es mejor marcarles el terreno desde el minuto 0. Su estrategia es clara: vestirse de cordero cuando en realidad son el lobo, y que me disculpen los lobos.

PB-¿Cuándo la izquierda, sea convencional o anticapitalista, va a comprender la gran importancia que tiene la alimentación como combustible para un cambio social hacia una sociedad más justa? ¿Crees que lo entienden?

EV-Creo que cada vez se entiende más, pero aún hay que hacer mucha pedagogía para que la izquierda ponga al mismo nivel los problemas agroalimentarios que aquellos que tienen que ver con la vivienda, la energía o las finanzas.

Optimismo

PB-¿Cuándo se va a entender que un alimento es algo sagrado y que no dar las gracias por los alimentos de que gozamos es una herejía horrible que forma parte del mismo kid destructor que entiende la Naturaleza como algo meramente físico que podemos tratar de cualquier manera?

EV-Soy optimista. Cada vez nos preocupa más qué comemos, porque somos conscientes que la alimentación determina nuestra salud. Tal vez sea un punto de partida egoísta pero es una oportunidad para que más gente entre en el consumo “bio” y entienda que un alimento ecológico, local y campesino, es el que garantiza nuestro bienestar, pero también la salud de la comunidad y el planeta.

PB-¿Crees que algún día el sector “bio” en España, en lo que respecta al consumo, será tan amplio como en Alemania? ¿Es una entelequia? ¿O estamos cada día más cerca?

EV-Creo que es una realidad que está cada día más cerca, solo es necesario ver los datos del crecimiento del consumo y el sector. Aún queda mucho camino por hacer, y habría que aprender de los errores y aciertos del sector “bio” en otros países que nos llevan años de ventaja.

PB-Personalmente, ¿qué relación tienes con la alimentación ecológica? ¿En qué medida forma parte de tu día a día cotidiano? ¿Por qué?

EV-Consumo habitualmente comida ecológica, local y campesina. Es una apuesta por la salud, la tierra y la comunidad. Me parece que es importante no guiarnos solo por la certificación, y mirar quién hay detrás de cada producto.

España

PB-¿Cómo ves el mundo de la alimentación “bio” en España? ¿Y cómo te gustaría que fuera? Quizás sean cosas distintas. Nos gustaría conocer ambas.

EV-Hay muchos “mundos ‘bio’”. El que no me gusta es ese que produce “eco”, pero se centra principalmente en la exportación, entendiendo esta práctica como un mero negocio. También me preocupa, y mucho, la entrada de supermercados y grandes multinacionales en el sector. Creo que es una amenaza importante. El que sí me gusta son todas aquellas empresas, asociaciones, individuos… que apuestan por lo “bio” como una manera de mejorar el planeta en que vivimos y ligan lo ecológico a un proyecto de transformación social.

Biocultura, 25 años en Barcelona

PB-¿Qué ha significado para ti BioCultura? ¿Sabes que BioCultura es una feria apoyada de diferentes maneras por las instituciones locales y autonómicas en las diferentes ciudades y CC.AA. donde se realiza excepto en Barcelona-Catalunya? El nacionalismo catalán nunca ha apostado por el sector “bio” cuando no puede haber nada más de la tierra y próximo. ¿Es más rentable electoralmente, para la derecha y para la izquierda nacionalista, apostar por banderas, himnos y símbolos que por lo verdaderamente real? Bueno, tampoco la derecha no nacionalista, o nacionalista española, y la izquierda… nunca han apostado nunca en serio por lo “bio”. Pero el caso catalán es flagrante, ¿qué opinión tienes al respecto?

EV-Para mí, BioCultura es un referente en el mundo de la alimentación ecológica, y siento una gran admiración por todas aquellas personas que impulsaron el proyecto 25 años atrás, cuando prácticamente nadie apostaba por la agricultura orgánica. Sobre el papel de la administración catalana, creo que es muy sintomático. Lo hemos visto también en el modelo agrario que se ha impulsado. Por un lado se dice que se defiende la “tierra” y por el otro se deja nuestros campos sin quien los trabaje, permitiendo además unos niveles de contaminación medioambiental muy preocupantes.

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