Bajo presión

20/02/2018 at 13:59

[en català]

Esther Vivas | El Periódico

Ni Marta Rovira ni Marta Pascal irán finalmente a prisión. Lo que significa un importante alivio para el independentismo. El juez Pablo Llarena parecería que levanta en parte el pie del acelerador, después de negar la libertad bajo fianza a Oriol Junqueras, Joaquim Forn, Jordi Sànchez y Jordi Cuixart. Veremos qué suecede con el resto de declaraciones esta semana. Sin embargo, el ataque contra derechos y libertades democráticas básicas en Catalunya y, no lo olvidemos, también en todo el Estado, es tan feroz que aunque no haya nuevos políticos entre rejas la situación es muy grave.

La estrategia de defensa del independentismo ha seguido la misma línea argumental que la de los anteriores acusados, a excepción de Mireia Boya, señalando que la declaración de independencia era un acto simbólico. Pero acatar el marco constitucional tampoco ha servido de mucho y solo contribuye a desmoralizar la base social independentista. Hay decisiones que parecen estar tomadas de antemano, y responden más a intereses políticos que a criterios judiciales, y al contenido de los autos del juez Llarena me remito.

Cierre autoritario

Al margen de las declaraciones ante el juez de esta semana, la ofensiva del aparato del Estado no disminuirá. Quienes hoy están en prisión continuarán allí hasta que el Gobierno español quiera. La ley, como hemos visto, se está utilizando de manera arbitraria, se inventan delitos, en medio de una impunidad absoluta por parte del poder. Las consecuencias son la indefensión de quienes son acusados y el deterioro del sistema democrático. Un brusco y cortoplacista intento de cierre autoritario por encima de la crisis de régimen, sin ofrecer solución alguna a las causas que la han provocado.

La pugna entre PP y Ciudadanos por ostentar el liderazgo de la derecha acentúa la involución política. La propuesta de los populares para ampliar el número de delitos penados con prisión permanente revisable va en esta dirección: fidelizar el votante de derechas, y no solo. Y la demanda de incluir una casilla para la escolarización vehicular en castellano en Catalunya, a propuesta del PP, busca ganar terreno a Ciudadanos en el que ha sido su gran caballo de batalla: la lengua. En definitiva, quienes dicen que el soberanismo divide son quienes utilizan elementos de cohesión como la inmersión lingüística para dividir y sacar rédito partidista en base a una política identitaria, que no se presenta como tal.

Fin de una etapa

Mientras, el independentismo sigue atrapado entre la represión policial y la competencia interna con vistas a formar gobierno, pero sin rumbo a medio y largo plazo. Los tempos judiciales y el debate acerca de quién presidiriá la Generalitat, y cuándo, marcan la agenda política catalana, pero se obvia lo más importante. ¿Se quiere formar gobierno para qué? ¿Cuál es la hoja de ruta del futuro president? Aquellos que están al frente de las negociaciones ni saben ni contestan. Toda una etapa terminó pero el independentismo, que quedó desbordado por el imprevisto empuje desde abajo el 1-O, no sabe definir cómo será la próxima.

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