Mamá desobediente

Una reseña del libro ‘Mamá desobediente’

Diana Fernández Irusta | La Nación

En Mamá desobediente, la periodista y socióloga Esther Vivas (Sabadell, 1975) impugna, desde ya, los estereotipos ligados a la figura de la madre tradicional. Pero también se diferencia del feminismo que en los años setenta señalaba a la maternidad como aquello a evitar en pos de la emancipación femenina. Y sobre todo responde a los cuestionamientos de Élisabeth Badinter, que desde hace unos años alerta sobre lo que considera una reaccionaria recuperación de la maternidad por parte de un feminismo de nuevo cuño, impregnado de posturas ecologistas y naturalistas.

«La maternidad ha sido un tema incómodo para el feminismo«, escribe Vivas, que deja en claro su cercanía a las posturas cuestionadas por la filósofa francesa. En su mirada se perciben años de activismo, docencia e interés por los movimientos sociales alternativos; la voz con la que escribe es la del lenguaje ágil de la divulgación. Quizás a contramano de lo que ella misma busca, los pasajes más sustanciosos del libro no siempre son los de la puntillosa enumeración de cifras e informes que respaldan sus posturas, sino aquellos donde despunta la síntesis de la elaboración teórica.

Vivas apunta a lo que sería la gran contradicción de la cultura occidental contemporánea: una sociedad que exalta la infancia y la juventud, pero se revela económica y funcionalmente hostil a la crianza. Distopías como las de El cuento de la criada o la película Niños del hombre –en que se describen sociedades con epidemias de infertilidad– no hacen más que mostrar el núcleo duro de nuestro mundo. Ya sea por cuestiones ambientales, económicas o de estrés social, hoy concebir es difícil; criar niños, aún más.

La autora escribe a partir de su propia experiencia como madre; de hecho, Mamá desobediente conjuga breves crónicas en primera persona con referencias a las distintas corrientes del pensamiento feminista e indagaciones acerca de los discursos y abordajes –médicos, culturales, estatales– sobre el entramado entre feminidad, sexualidad y crianza. La propuesta de politizar los cuidados –y politizar la maternidad misma– va de la mano de las denuncias de la violencia obstétrica, la reivindicación de la lactancia o el rechazo a un modelo de pensamiento que no excluye a ciertos feminismos y que supone un visceral desprecio a lo vulnerable. «Las mujeres conquistamos el derecho a no ser madres, a acabar con la maternidad como destino –afirma Vivas–; ahora el desafío reside en poder decidir cómo queremos vivir esa experiencia».

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