«En América Latina hay una epidemia de cesáreas»

Héctor González Jordán | Aristegui Noticias

“La maternidad deber ser fruto del deseo y la libre elección”, dice la periodista española Esther Vivas (1975). No obstante, hay un sistema que impone un modelo irreal y privilegia la visión económica sobre el bienestar de la mujer y la criatura.

Autora de Mamá desobediente. Una mirada feminista a la maternidad (Godot), Vivas mezcla investigación, historia y testimonio para asomarnos a lo que implica traer un bebé al mundo. Describe las implicaciones monetarias de privilegiar las cesáreas sobre los partos naturales, pero también descoloca los grandes mitos que giran alrededor de lo que significa ser madre.

Ver un fragmento de la entrevista en vídeo, aquí.

En el libro señalas que en México el 30 por ciento de las mujeres sufren algún tipo de violencia durante el parto.

La violencia obstétrica es un tipo de violencia de género normalizada. Se da más a menudo de lo que pensamos en la atención sanitaria al parto, pero también durante el embarazo y el postparto. Consiste en acciones que constituyen un daño físico y emocional en la madre como que te obliguen a dar luz sola, que te falten al respeto y no te informen adecuadamente de los protocolos, que se te realice una cesaría innecesaria o que se te aparte de tu bebé nada más nacer. Son acciones que generan consecuencias en cómo las mujeres viven su parto y con efectos posteriores. Visualizarla para erradicarla es fundamental. En México hay un porcentaje muy elevado no solo en materia de maltrato a las parturientas sino de cesáreas: prácticamente uno de cada dos partos es por esta vía.

Atribuyes parte de esto al sistema económico neoliberal.

La medicalización del parto tiene que ver con que se le considera una enfermedad cuando no es así. La cesárea se adapta mejor a los ritmos de un sistema médico que antepone el interés económico a las necesidades reales de la madre y el bebé. Una cesárea es más cara y significa más ingresos para el sistema privado de salud. Desgraciadamente, se han normalizado estas prácticas sin tomar en cuenta que es una cirugía mayor e implica más riesgo para la madre. De acuerdo la Organización Mundial de la Salud una cantidad justa de cesáreas deberían ser entre diez y quince por ciento sobre el total de partos, pero en México la cifra es de cincuenta por ciento y eso responde a una lógica productivista y mercantilista.

Incluso estás prácticas están más normalizadas en los centros urbanos.

La violencia obstétrica tanto es que te realicen una cesárea no necesaria como que no te lo hagan cuando sí es necesario y esto lo vemos más en las zonas rurales. En México vemos una hipermedicalización de atención al parto en las zonas urbanas mientras que las zonas rurales e indígenas no se interviene médicamente cuando hace falta por una cuestión de discriminación de clase y raza.

¿En España y Europa cómo está el porcentaje en comparación América Latina?

En América Latina hay una epidemia de cesáreas. Cinco de cada diez partos usan este método. En España la media es de 26 por ciento sobre el total, sigue siendo una cifra alta de acuerdo con la OMS. La violencia obstétrica se da por igual en España que en México. El patriarcado al final no perdona y cada vez más las mujeres parimos de lunes a viernes en horario laboral porque se responde a los intereses del sistema sanitario y no a las necesidades de la mujer y la criatura.

En el libro desmitificas y expones los claroscuros de la maternidad a nivel personal y más íntimo

Maternamos en una sociedad hostil a la experiencia materna, al parto respetado y a una lactancia satisfactoria. Si de por sí no es fácil ser madre, la situación se agudiza cuando el sistema te da la espalda violentando el parto o con licencias de maternidad muy cortas. Tomar conciencia de que el sistema económico social influye en la maternidad es muy importante. A menudo se le considera una responsabilidad exclusiva de la mamá y esto es falso. Viene muy condicionada por nuestro entorno. No somos la madre que queremos ser, sino la que podemos ser. Con el libro insto a rebelarnos como madres y a desobedecer al mandato patriarcal. La maternidad deber ser fruto del deseo y la libre elección por eso el derecho al aborto es imprescindible. Invito a desobedecer al mito de la madre perfecta. No se trata de ser abnegada ni la super woman que puede con todo y nunca se equivoca. El ideal materno no tiene nada que ver con la experiencia real. Solo asumiéndolo podremos reconciliarnos con la experiencia materna para vivirla de una manera más satisfactoria y con menos culpa.

En este sentido también instas a incorporarla al discurso feminista.

En general la maternidad se ha percibido como una cuestión ajena al feminismo porque el patriarcado la ha usado como un instrumento para controlar el cuerpo y el destino de las mujeres. Ante este mandato se rebelaron las feministas de la segunda y tercera ola. Reivindicaron derechos a elegir sobre el cuerpo y en su rebelión se cayó en un discurso antimaternal y antirreproductivo del cual aún hoy somos herederas. Es muy importante reconciliar maternidad y feminismo. Cuando se trata de reivindicar los derechos de las madres corresponde al feminismo promover el respeto al parto, licencias de maternidad más extensas y periodos de lactancia satisfactoria. No se trata de idealizar la maternidad porque cada mujer decidirá si ser o no, y qué tipo de crianza quiere hacer. Ahora veo una nueva generación feminista con menos prejuicios hacia la maternidad.

Y en particular con los claroscuros personales, ¿no?

Hay un estereotipo de mamá ideal y cuando no encajas te consideran mala madre. Es tóxico querer ser una madre que desfigura a la mujer y pensar que una vez que tenemos hijos perdemos los intereses más allá de la crianza. Hay que reivindicar a la maternidad real, aquella que implica luces y sombras. Es una experiencia ambivalente: significa que quieres con locura a tu criatura pero que a veces necesitas estar sola. La maternidad es cansancio y energía pura. Es contradictoria y necesitamos tenerlo en cuenta. Ser buena madre implica equivocarse y fracasar; tener derecho a quejarse y no poder más.

Señalas también que ser mamá no debe implicar perder libertad.

Sí, porque muchas veces se asocia ser mamá con esclavitud. Es falsa la dicotomía: eres mamá o eres libre. Muchas veces perdemos más libertad en el trabajo. Evidentemente tener una criatura implica cuidados, pero esto no es negativo. Necesitamos de una sociedad y un sistema económico que ponga en el centro a la crianza y la vulnerabilidad humana. Aquí la experiencia materna es central y no solo es responsabilidad de la mujer sino también del padre si lo hay, y de la sociedad en general. El problema es que vivimos en un sistema tan individualista que criar y cuidar se consideran tareas invisibles. La dependencia es inherente al ser humano y no podemos darle la espalda.

¿Cómo darle a la crianza una dimensión social?

Es importante cambiar la mirada de la sociedad hacia la maternidad y la infancia. Vivimos en una sociedad hostil que no cuida cuidar a las madres ni crianza. Mientras la sociedad no lo valore será muy difícil entender que es una responsabilidad colectiva y tanto lo es que al hablar de crianza nos referimos a los niños y a las niñas que serán adultos el día de mañana. A las personas dependientes, sean niños a adultos mayores, se les ve como una carga porque no son productivos.

¿Cómo aplicas en tu vida las reflexiones de tu libro?

El libro es un ensayo sociológico con pinceladas históricas porque es importante saber de dónde venimos para comprender en dónde nos encontramos. Incluyo también, elementos autobiográficos y testimonios. Es fundamental romper silencios y tabúes que rodean la maternidad. Hablo de mis problemas de infertilidad y los tratamientos a que me sometí para tener a mi hijo; de la pérdida gestacional que tuve con mi segunda hija. Es importante hablar de estas experiencias que muchas mujeres transitan, pero poco se nombran. Hacer un análisis político de la experiencia materna nos libera de la culpa. Cuando entendemos que el parto o la lactancia están determinados por un sistema que antepone un referente de maternidad irreal nos liberamos.

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