«Hay que nombrar en primera persona las sombras de la maternidad»

Vero Ferrari | Mano Alzada

A propósito del Día de la Madre, que se celebra el segundo domingo de mayo, y que suele traer discursos familiaristas tantas veces cuestionados así como los de las madre empoderadas e incluso de las que no quieren nunca ser madres, abandonando el mandato de una maternidad impuesta, entrevistamos a la periodista y socióloga, Esther Vivas, autora del imprescindible y bien informado ensayo «Mamá desobediente. Una mirada feminista a la maternidad«, publicado por la editorial Gafas moradas en 2021.

¿Cómo fue el proceso de escribir Mamá desobediente y por qué sigue siendo importante hablar de la maternidad y sus complejidades?

El libro Mamá desobediente lo escribí durante los primeros tres primeros años de vida de mi hijo y en el libro planteo respuestas a preguntas que yo misma me formulé como madre, de aquí que el libro no sea solo un ensayo sociológico y periodístico sobre la maternidad con una mirada feminista, sino que también hay elementos autobiográficos de mi experiencia materna, también nombro las sombras de mi maternidad en particular los problemas que tuve para quedarme embarazada, es decir mis problemas de infertilidad, y también el dolor de perder a mi hija cuando estaba embarazada de tres meses, entonces creo que es importante nombrar en primera persona las sombras de la maternidad para romper toda una serie de silencios que rodean la experiencia materna y no sentirnos tan solas como madres y estar más acompañadas. El libro también incluye los testimonios de otras mujeres que han sufrido violencia obstétrica y depresión posparto porque nombrar el lado oscuro de la maternidad nos ayuda a entender que la maternidad no solo son luces, sino que también son sombras.

El feminismo ha tenido miradas diversas a la maternidad, entre el rechazo y el empoderamiento, ¿qué nuevos rumbos han surgido en los últimos años sobre este devenir?

Feminismo y maternidad han tenido una relación compleja porque la maternidad ha sido utilizada por el patriarcado como un instrumento para controlar el cuerpo y el destino de las mujeres, así, el patriarcado nos ha impuesto a las mujeres, por los siglos de los siglos, la maternidad como destino. Cuando las feministas de los años 60, 70, la conocida como la segunda ola se rebela contra este mandato de la maternidad y exige que las mujeres podamos decidir sobre nuestro cuerpo, acceso a métodos anticonceptivos, en ese momento se cae por parte del feminismo un cierto discurso antimaternal y antirreproductivo, es decir, el patriarcado nos impone ser madres, la respuesta es no somos madres. Creo que hoy en día hay una nueva generación de mujeres feministas y madres nacidas en los años 70, 80, 90, que gracias a la lucha de nuestras antecesoras hemos podido decidir si tener hijos o no tenerlos, a diferencia, a veces, de las mujeres que nos precedieron y eso nos permite mirar la maternidad con menos prejuicios y distinguir entre lo que es el mandato de la maternidad, de la buena madre, de lo que es la experiencia libremente elegida de la maternidad y que esta experiencia tiene que estar dotada de derechos, y es desde aquí donde reivindicamos una maternidad feminista, una maternidad donde se considere a las mujeres madres como sujetos de derechos, sujetos con capacidad de decisión, y sobre todo, reivindicar una maternidad libre, deseada, gozosa sin abuso ni violencia y con plenos derechos, derecho a un parto respetado, a una licencia de maternidad mucho más larga que la actual, derecho a no ser discriminada en el empleo, derecho a no ser juzgadas por ser madres, etc.

Las maternidades son diversas como las mujeres y sus contextos, ¿qué es lo que termina uniendo todas estas experiencias en la que millones de mujeres se pueden sentir conectadas?

Sí, la maternidad evidentemente viene muy determinada por el contexto social, económico, cultural en el cual nos movemos, nuestra experiencia viene también enmarcada por nuestra mochila personal, pero hay una serie de elementos universales que atraviesan las maternidades, de aquí que el libro Mamá desobediente ha conectado con muchas mujeres también en América Latina, ahora en Perú, porque hay una serie de elementos comunes que atraviesan la maternidad, por ejemplo, el abuso, la violencia, la discriminación, el juicio constante son elementos que, vivas en España, vivas en Perú, se dan en la experiencia materna, los silencios, las experiencias no nombradas, los temas que son tabú, de aquí que sea tan importante poner luz a la maternidad, hablar de la maternidad real para no sentirnos tan solas y estar más acompañadas.

¿Por qué hay que ser una mamá desobediente frente a nuestra experiencia de la maternidad?

Yo creo que el feminismo es un salvavidas para las madres, ya que el patriarcado nos ha impuesto unas maternidades donde no podemos decidir sobre nuestros cuerpos, sobre nuestras experiencias, donde se supone que las mujeres madres no podemos tener vida propia, y el feminismo nos permite reivindicar la maternidad como una cuestión política. La maternidad desde una perspectiva donde yo como madre tengo derecho a decidir sobre mi embarazo, mi parto, la lactancia, la maternidad como responsabilidad colectiva, no solo como responsabilidad individual de la mujer madre, sino la maternidad como una cuestión publica, política, que debe ser tanto responsabilidad de mujeres u hombres, tengamos hijas o hijos o no los tengamos. Entonces el feminismo nos permite reivindicar una maternidad con derechos, una maternidad libre, una maternidad deseada. Al mismo tiempo, cuando yo hablo de una maternidad desobediente me refiero que se rebela contra el mandato de la maternidad en el sentido de que la maternidad será deseada o no será y contra el mandato de la buena madre. La madre perfecta no existe, maternar implica fracasar, equivocarse, no llegar a todo y de aquí que sea tan importante hablar de la maternidad real para que las mujeres madres nos podamos reconciliar con la experiencia materna entendiendo que esta está llena de luces, de sombras y es ambivalente por definición y, al mismo tiempo, una maternidad desobediente implica que yo, como madre, me reivindico como sujeto político, como sujeto de derechos y exijo que en mi embarazo, mi parto y mi lactancia mando yo.

¿Por qué el parto respetado sigue siendo el gran ausente en las políticas de salud de los Estados, qué intereses se manejan en ello, cómo podríamos generar más capacidad de decisión en el proceso de parto?

El parto históricamente se ha utilizado como un instrumento para controlar el cuerpo de las mujeres y se nos ha hecho creer a las madres que no podemos parir, que el parto es una enfermedad, es un proceso patológico, es un proceso peligroso y todo esto es falso, las madres, las mujeres tenemos capacidad para dar a luz a nuestros hijos, necesitamos apoyo, información, un entorno que nos acompañe, que confíe en nosotras. Evidentemente la intervención médica es importante, pero se debe dar cuando sea necesaria, no por rutina. Hoy asistimos a una hiperintervención en los partos que hace que muchos partos que eran partos normales se compliquen. Creo que es fundamental una perspectiva feminista en la atención sanitaria del parto, que reconozca a la mujer que está dando a luz como un sujeto de derechos que tiene capacidad de decisión y, al mismo tiempo, creo que es imprescindible entender el parto como un proceso fisiológico normal, que lo que necesita es tiempo, respeto, apoyo, no violencia ni prisas como se da demasiado a menudo en la atención sanitaria del parto.

Frente a los continuos embates de los fundamentalismos, ¿por qué sigue siendo necesario alternar nuestras maternidades con la defensa del derecho al aborto?

La defensa del derecho al aborto es la premisa imprescindible para tener derecho a una maternidad libre, deseada y no impuesta, y la defensa del derecho al aborto es un elemento imprescindible de la lucha por una maternidad feminista. hay que señalar que tan importante es poder decidir tener derecho al aborto que tener derecho a ser madre si quiero y si lo deseo.

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