Una mamá desobediente

Gustavo Mauricio García Arenas | Conexión Zaquencipa

Todos sabemos y comprendemos que ser madre no es una tarea fácil. Vivimos en una sociedad hostil a la maternidad. No es sencillo que una mujer quede embarazada, tenga un parto respetado, pueda dar de mamar donde y cuando quiera y, además, logre compaginar la crianza y el empleo. Y el mundo cree que puede juzgarla permanentemente. Como si las madres no tuvieran otra opción que escoger entre una maternidad neoliberal, supeditada al mercado, o una maternidad patriarcal, sacrificada.

¿Dónde queda entonces el derecho de las mujeres a vivir sin imposiciones esa experiencia materna? Si se toma el principio feminista de que lo personal es político, el reto consiste en politizar la maternidad en sentido emancipador. No se trata de idealizarla, sino de reconocer su papel fundamental en la reproducción social, para otorgarle el valor que le corresponde. Cuando las mujeres hayan logrado acabar con la maternidad como destino, tendrán que poder decidir cómo quieren vivirla.

En su libro Mamá desobediente. Una mirada feminista a la maternidad, publicado en Colombia por Icono Editorial en 2020, Esther Vivas habla de temas invisibles, como la infertilidad, el embarazo, la pérdida gestacional, el parto, la violencia obstétrica, el puerperio, la lactancia y el negocio del biberón. Lo hace a través del ensayo, la literatura y su experiencia personal.

Como periodista, socióloga y escritora residente en Barcelona, se ha especializado en análisis político, consumo crítico y maternidades feministas. Su activismo antiglobalización y antiguerra a comienzos de siglo derivó en el análisis de movimientos sociales alternativos, que le permitieron escribir su libro En pie contra la deuda externa (2008) y hacer parte como coautora en la publicación de Planeta indignado (2012).

Desde 2004 abrió un nuevo campo de reflexión sobre políticas agroalimentarias y consumo consciente. Sus principales obras en esta materia son ¿Adónde va el comercio justo? (2006), Supermercados, no gracias (2007) y El negocio de la comida (2014). A raíz de convertirse en madre en 2015, empezó a escribir sobre maternidades, parto, violencia obstétrica y lactancia materna desde una perspectiva feminista y ecologista.

Desde Conexión Zaquencipa la contactamos para hacerle algunas preguntas sobre el que sigue siendo su tema preferido.

GMGA: ¿Por qué pensar que ser feminista puede ser contrario a la maternidad?

Maternidad y feminismo se han visto como cuestiones antagónicas porque el patriarcado nos ha impuesto a las mujeres, por los siglos de los siglos, el mandato de ser madres. Pero, como decía la activista lesbiana, poeta y teórica estadounidense Adrienne Rich, hay que distinguir entre la institución de la maternidad, es decir, el mandato patriarcal de ser madres, y la experiencia materna.

La experiencia materna tiene que ser fruto de la libre decisión y debe estar dotada de derechos. Hay que acabar con la institución y el mandato de la maternidad y reivindicar la experiencia materna como una vivencia que toda mujer debe poder transitar si así lo desea. Y esta experiencia tiene que estar libre de violencia y abusos.

GMGA: En este sentido, ¿qué papel debe y puede jugar la familia, la pareja, la sociedad y el Estado en la crianza de un hijo, desde el punto de vista del feminismo que propones?

La maternidad tradicionalmente se ha considerado una tarea y una responsabilidad femenina, una responsabilidad individual de la mujer que es madre —y esto genera mucha culpa en las mujeres, porque nunca llegamos a ser esa mamá ideal que nos dicen que tenemos que ser— y, al mismo tiempo, carga toda la responsabilidad del futuro de la crianza y de nuestros hijos en nuestras espaldas.

Por el contrario, la maternidad debe ser considerada una responsabilidad colectiva, una responsabilidad a nivel familiar que debe recaer en la madre, en el padre —si es que lo hay— y en el conjunto de la familia.

En definitiva, la crianza debe ser considerada una responsabilidad del conjunto de la sociedad porque se trata de acompañar y cuidar la salud física y mental de niñas y niños, que por el solo hecho de serlo tienen un conjunto de derechos que deben ser garantizados.

GMGA: ¿Para qué tener hijos en una época como esta, si lo que se proyecta en el mundo es una distopía?

Tener hijos debe ser fruto de la libre decisión. De aquí que el derecho al aborto sea la premisa imprescindible para tener derecho a una maternidad libre, deseada y no impuesta. Tener hijos debe ser considerado un derecho y, al mismo tiempo, es un deseo que toda persona debe poder transitar si así lo quiere. Tener hijos también permite construir, apostar y dibujar un futuro, otro futuro posible.

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