Ser madre, ¿un deseo o un derecho?

Esther Vivas | El Periódico

Más de una vez me han preguntado si considero que ser madre es un deseo o un derecho. Mi postura es contundente, la maternidad es un derecho. Aunque si bien es cierto que hay un componente de deseo cuando hablamos de tener criaturas, para que este deseo se pueda cumplir tiene que ser defendido como derecho. Si no lo hacemos así, ser madre acaba siendo un privilegio de mujeres blancas de clase media y alta.

Pero defender la maternidad como derecho incomoda a ciertos sectores del feminismo, al considerar que da la razón a aquellos que justifican la gestación subrogada, ya que estos utilizan el argumento del derecho a ser madre o padre para justificar esta práctica. Sin embargo, aunque dicho concepto haya sido parcialmente cooptado por estos sectores no podemos renunciar a él.

Por eso siempre que hablo de esta cuestión afirmo que la maternidad es un derecho que no puede vulnerar los derechos de terceros, con lo cual defender el derecho a ser madre no significa apoyar los vientres de alquiler. La gestación subrogada vulnera el derecho de la madre gestante a decidir sobre su cuerpo a lo largo de los nueve meses de embarazo y, en la gran mayoría de las ocasiones, a conocer y a estar con la criatura que ha gestado. Asimismo, la gestación subrogada vulnera el derecho del bebé a estar con su madre gestante de la que, en casi todos los casos, es separado nada más nacer. El derecho a ser madre no puede ser utilizado como argumento para vulnerar el derecho de otros.

Dicho esto, ¿por qué considero tan importante defender la maternidad como derecho? Porque la maternidad viene atravesada no solo por desigualdades de género sino también de clase y raza. Las dificultades económicas obstaculizan la maternidad, ya sea la experiencia de ser madre o incluso el llegar a serlo. La violencia obstétrica se ejerce, según varios estudios, en mayor medida en mujeres racializadas y con pocos recursos. No podemos mirar a la maternidad como una práctica al margen de los condicionantes socioeconómicos.

En el Estado español, desde que estalló la crisis en 2008, el número de nacimientos ha descendido de manera significativa en un 29%. Y han sido las mujeres con recursos económicos inferiores o desempleadas las que han tenido menos descendientes en comparación con aquellas de 35 años o más, alta cualificación, estabilidad laboral e ingresos regulares cuya natalidad ha aumentado, como constata una tesis doctoral sobre el impacto de la crisis en la maternidad de la Universidad Autónoma de Madrid.

La crisis económica ha golpeado de lleno no solo la maternidad sino el sueño de la maternidad par amplios sectores sociales con pocos ingresos, truncado el anhelo de muchas mujeres, y también hombres, que no pueden permitirse tener hijas e hijos. “¿Cómo mantenerlos -se preguntan muchos- con salarios tan precarios que ni siquiera dan para pagar una vivienda?”. Sueños rotos también para quienes han pospuesto la maternidad a la espera de esa estabilidad laboral que nunca llega, y cuando decides tener criaturas no lo consigues. Y entonces, ¿quién puede asumir el coste de un tratamiento de reproducción asistida si no es posible llevarlo a cabo en la sanidad pública? ¿Qué pasará ahora con esta nueva crisis que enfrentamos?

En otras latitudes, como América Latina, más allá de esta realidad, el derecho a la maternidad es también vulnerado por una tasa elevada de embarazos no deseados entre adolescentes. El derecho a ser madre pasa por poder decidir libremente si queremos serlo o no. Lo que implica tener derecho a información sobre salud sexual y reproductiva, acceso a métodos anticonceptivos y derecho al aborto. Y todo esto en la mayoría de países a escala global no está garantizado.

La maternidad, como dicen las compañeras latinoamericanas, será deseada o no será. Pero para ser posible, para muchas, tiene que ser también económicamente viable y a veces no es así. La precariedad vital y laboral a menudo lo impiden.

Y vuelvo a la pregunta inicial, ¿ser madre es un deseo o un derecho? Me reiteró una vez más, la maternidad es un derecho que no puede vulnerar los derechos de terceros. Y claro que hay un elemento de deseo, anhelo, sueño, cuando hablamos de tener criaturas, pero defenderla como derecho es imprescindible. ¿Por qué? Porque identificar la maternidad solo como un deseo implica que únicamente aquellas que lo deseen y que económicamente se lo puedan permitir, al final, lo podrán ser; cuando toda mujer, al margen de su clase social y raza, debería tener derecho a ser madre si así lo quiere.


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