¿Qué queda del movimiento contra la deuda externa?

Maricel Chavarria | La Vanguardia

Diez años después de las históricas protestas de Birmingham que cambiaron la agenda política sobre la deuda externa: ¿Qué queda de la gran manifestación de mayo del 98? Esther Vivas analiza el impacto de este movimiento social en su libro En pie contra la deuda externa.

Una cadena humana de 70.000 personas exigía a los jefes de Estado del G-7 reunidos en Birmingham la condonación de la deuda externa de los países más pobres del planeta. Corría mayo del 98. Mañana se cumplen diez años de aquella protesta organizada por la campaña británica del Jubileo 2000 que situó a la deuda en el centro de la agenda política y la convirtió, definitivamente, en un pilar del movimiento altermundista. ¿Que cómo han reaccionado los gobiernos del Norte durante esos años? Limitándose a descontar ese capital adeudado de los fondos previstos para ayuda al desarrollo. El famoso 0,7 corre asociado a la cancelación de la deuda y eso es algo que critica incluso el propio Banco Mundial, tanto como las Naciones Unidas.

“No ha habido tanto medidas aprobadas por parte de los países del G-8, que más bien se han limitado a hacer afirmaciones para responder a las demandas del movimiento contra la deuda, como un impacto en la opinión pública que, aun siendo una cuestión económica compleja, ha logrado un conocimiento de lo que significa para los países del Sur tener que pagar esta deuda”, afirma la investigadora y activista Esther Vivas, que analiza los antecedentes del movimiento en su reciente “En pie contra la deuda externa” (El Viejo Topo, 2008).

Uno de los impulsores del movimiento contra la deuda a finales de los 90 fue la Iglesia, lo que dio lugar al movimiento Jubileo, con un importante peso de organizaciones del Norte. Moderados, buscaban la condonación parcial. Pero de ahí surgió otro movimiento que va más allá. “Es el Jubileo Sur –explica Vivas–, que reivindica un Sur acreedor de una deuda ecológica, social e histórica, fruto del expolio de los recursos naturales de esos países, y que reivindica el repudio y la ilegitimidad de la deuda”. Esa corriente radical ha acabado arrastrando a sectores más moderados por dos razones: la primera, el movimiento antiglobalización, que apela a un cambio de las estructuras; la segunda, la evidencia de que los gobiernos no hacen condonaciones reales y siguen utilizando los créditos FAD para canalizar su ayuda al desarrollo.

*En La Vanguardia, 15/05/2008.

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