Azúcar amargo

22/03/2017 at 11:04

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Esther Vivas | El Periódico

El tabaco mata. Lo tenemos claro después de años de informes y evidencias científicas que así lo demuestran. Sin embargo, cuando en el siglo pasado surgieron las primeras investigaciones críticas, muchos las pusieron en duda. Se consideraba incluso que fumar podía ser bueno para la salud. Cuestionar las verdades consolidadas en el imaginario colectivo no es fácil, especialmente cuando tienen detrás un potente ‘lobby’ empresarial. Ahora, con el azúcar pasa algo parecido.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó hace un año sus recomendaciones para un consumo responsable de azúcar,aquel que los fabricantes añaden a los productos alimentarios o el azúcar refinado que ponemos en la comida. La advertencia era demoledora. Lo ideal, según la OMS, consistiría en consumirlo por debajo del 5% de las calorías diarias ingeridas, es decir 25 gramos (6 cucharillas). En el España, se consumen 80 gramos al día (19 cucharillas), superando la media europea.

¿Qué consecuencias tiene esta ingesta tan elevada de azúcar en nuestra salud? El sobrepeso y la obesidad son sus efectos más directos, con las consiguientes enfermedades asociadas como la diabetes, las cardiopatías isquémicas, los trastornos del aparato locomotor y algunos cánceres. En Catalunya, los datos no dejan lugar a dudas: uno de cada dos adultos padece exceso de peso, según la Encuesta de Salud de Catalunya del 2015. Las familias con rentas más bajas, y sus criaturas, son las que peor comen.

Lo que la comida esconde

No somos conscientes de la mayor parte del azúcar que ingerimos, ya que muchas veces este se encuentra “escondido” en productos que no consideramos que sean dulces. ¿Sabías que una pizza congelada puede llegar a contener 4 azucarillos y medio, un yogur desnatado más de 6 o una salsa de tomate casi 12? Lo destapa el proyecto fotográfico Sinazucar.org, que retrata alimentos de consumo cotidiano junto al número de terrones de azúcar que llevan. Sus imágenes nos dejan sin palabras.

La OMS a finales del año pasado fue incluso más allá y pidió aumentar el 20% los impuestos a las bebidas azucaradas para desincentivar su consumo. En México, Francia, Finlandia, Bélgica ya hace algún tiempo que se aplica algún tipo de medida. Aquí, el Ministerio de Hacienda anunció un nuevo impuesto sobre los refrescos para el 2017, aunque sin especificar alcance ni gravamen. La industria azucarera pero ya ha pasado a la acción, y después de una reunión, en febrero, con el Ministerio de Agricultura asegura estar convencida de que dicho impuesto no prosperará.

Hace unos días Juan Carlos Ortega, en un artículo en EL PERIÓDICO, pedía ‘azúcar por compasión’. La realidad es que algunos pueden escoger si quieren azúcar en el plato, la mayoría no. VSF Justicia Alimentaria Global con su imprescindible campaña Dame Veneno lo deja muy claro: “La alimentación insana no es un problema individual. Se trata de una pandemia cuyas principales causas son sistémicas y estructurales”. Tomar conciencia de ello es el primer paso para cambiarlo. Con el azúcar no se juega.

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