“Comer sano en un supermercado es una contradicción”

27/09/2017 at 12:34

Montse de la Cal | Festival Cine Solidario Guadalajara

Esther Vivas es periodista especializada en políticas agrarias y profesora en distintos masters sobre agricultura ecológica, cooperación o periodismo. Autora de una decena de libros (su última obra es El negocio de la comida), escribe regularmente para El Periódico, Público y la revista Opciones, y participa asiduamente en tertulias de televisión y radio.

¿Se puede comer sano y natural comprando solo en supermercados al uso?

Es complicado, porque si analizas básicamente los productos que hay en un súper, están altamente procesados, llevan mucha sal, mucha azúcar añadida. Si hablamos de carne, grasas saturadas. Lo que vemos es que comer sano y saludable en un supermercado es una contradicción. En realidad, de comida, comida, en un supermercado hay poca.

¿Por qué el Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente no cuida que los alimentos que consumen los ciudadanos sean realmente saludables?

Porque hay una dinámica clara de puertas giratorias entre la Administración Pública y el ámbito privado. Por poner un ejemplo, hasta hace poco la Agencia Española de Seguridad Alimentaria, AESAN, que se encarga de controlar que lo que comemos sea seguro y saludable, tenía al frente a la Sra. Ángela López de Sá, que antes de ocupar el cargo era una de las principales directivas de Coca-Cola. Poca independencia política tendrá una persona que en su trayectoria profesional ha formado parte de la industria alimentaria, a la que después tiene que controlar desde el sector público. Esta dinámica de complicidades es la que secuestra la independencia de las agencias e instituciones públicas.

¿Cuándo comenzó a cambiar el sistema agroalimentario?

El modelo de globalización alimentaria que caracteriza el periodo actual se inició a lo largo de los años cincuenta y sesenta, con lo que se conoce como la Revolución Verde, con unas políticas agrarias impulsadas por agentes internacionales, gobiernos como los Estados Unidos, fundaciones como Ford y Rockefeller, que decían que lo necesario era modernizar la agricultura para acabar con el hambre en el mundo. Y bajo este mantra, lo que en realidad se hizo fue supeditar la agricultura a los intereses de las grandes empresas. Se secuestró la agricultura y la alimentación, se privatizaron las semillas, y se promovió un modelo agrícola adicto a los fitosanitarios, a los pesticidas, a los agro-tóxicos. Así se dejó la capacidad de decidir qué se come en manos de unas empresas que hoy son las que dicen qué semillas se producen y cómo se cultivan, semillas que necesitan de una serie de fertilizantes químicos y pesticidas, que hay que comprar a las mismas empresas. En general, el resultado es un alimento de poca calidad a través de un mecanismo de producción que contamina suelos y ecosistemas.

Actualmente en el mundo enferman y mueren el mismo número de personas por desnutrición que por obesidad.

Vivimos en un mundo de obesos y famélicos y las dos caras muestran el fracaso del modelo agroalimentario que, o no nos da de comer o comemos de manera insana, teniendo consecuencias muy negativas. Esto es el resultado de que la comida se haya convertido en un negocio. Lo que menos les importa es que comamos de manera sana y saludable y que el campesinado pueda vivir dignamente de su trabajo.

¿Hay suficiente comida en el mundo para que nadie pase hambre?

Se calcula, según Naciones Unidas, que se produce comida para doce mil millones de personas; en el planeta somos 7 mil millones, y aun así uno de cada nueve habitantes pasa hambre. El problema del hambre, pues, no es que haya una falta de producción, sino que no hay acceso a estos alimentos. La gente pasa hambre porque no tiene para pagar esta comida; o lo que vemos más aquí, con la crisis económica: que tal vez tú puedes ir a comprar algunos alimentos, pero no tienes suficiente dinero para que sean de calidad. Por lo tanto hay un déficit nutricional.

Seguir leyendo la entrevista aquí.

Acceder a la publicación en papel [entrevista en pág. 20].

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