«El coronavirus ha destapado el ingente trabajo de cuidados que recae en las mujeres»

Carmen Sánchez | Línea de fuego

La maternidad es uno de esos temas que siempre están candentes. Es algo que cuesta separar de la mujer y algo que atraviesa de lleno en las teorías y prácticas feministas. Y precisamente de eso, habla la periodista Esther Vivas en su libro Mamá desobediente. Una mirada feminista a la maternidad (Capitán Swing).

En su libro, Vivas aborda distintos aspectos de la maternidad. Desde las incertidumbres previas al embarazo, la infertilidad (tanto femenina como masculina), las distintas caras del alumbramiento, incluyendo la depresión posparto y la violencia obstétrica, las dificultades para conciliar vida laboral y ser madre o la lactancia. Temas que, con la llegada de la actual emergencia sanitaria están en el punto de mira.

La maternidad en tiempos de coronavirus: más violencia obstétrica y más crisis de cuidados

En estos días de coronavirus y teletrabajo, ejercer de madre y trabajadora de forma simultánea «se configura como una misión imposible», declara la periodista. «El coronavirus ha destapado el ingente e invisible trabajo de cuidados que recae mayoritariamente en las mujeres y la crisis de cuidados que arrastramos desde hace años», apunta añadiendo que el cierre de los colegios debería haber sido acompañado por un permiso retribuido para cuidar.

Pero el cambio social impuesto no afecta solo a las mujeres que ya tienen hijos, sino también a aquellas que durante estos días se convertirán en madres. Asociaciones como El Parto es Nuestro denuncian que la violencia obstétrica se ha visto incrementada estos días. Para Vivas, «el estado de alarma no hace sino intensificar unas prácticas que ya existían. La situación de emergencia sanitaria no puede significar una involución en los derechos de las mujeres a la hora de parir».

Y es que en muchos casos, debido a la emergencia sanitaria se están tomando medidas como inducir partos, dar a luz sin acompañantes, que te separen del bebé nada más nacer o que impidan dar el pecho, señala la escritora.

«El miedo a lo que pueda suceder es uno de los principales pilares sobre el que se erige la mirada hegemónica al parto. Un miedo que no atañe solo a la mujer embarazada sino que comparte una parte significativa de los profesionales de la salud, y que se agudiza en un contexto de emergencia sanitaria como el actual. Y es esto lo que explica el aumento de las intervenciones en la atención hospitalaria al parto en tiempos de Covid-19», explica.

Madres distintas, partos diferentes

Alrededor de la violencia obstétrica gira uno de los párrafos más esclarecedores del libro. Todas tenemos una imagen del parto doloroso y altamente medicalizado, un miedo constante a que algo podría salir mal. Pero también hay quien desearía optar por un parto en casa, planificado y atendido por comadronas. Esther Vivas optó por esta forma de parir, aunque tuvo que pagarlo de su bolsillo.

«La sanidad pública no asume el parto en casa. De tal modo que es la mujer la que tiene que costearlo íntegramente, con un precio que oscila entre los 2.000 y los 2.500 euros. No incorporar el parto en casa al sistema público de salud lo convierte en una opción solo accesible a aquellas mujeres que se lo pueden permitir», explica.

Vivas asegura que es una opción tan segura como ir al hospital cuando se trata de embarazos de bajo riesgo, y que incluso el nivel de satisfacción de las mujeres es mayor. «Si pagamos nuestros impuestos y contribuimos a la Seguridad Social, ¿por qué el Estado no asume el parto en el hogar y lo ofrece como una opción más dentro del sistema público de salud como sí lo hacen otros países europeos como Holanda o Inglaterra? No hacerlo discrimina a las mujeres que quieren parir en casa y a aquellas que así lo hacen», defiende.

Políticas en la libertad de ser madre

«Hay que apostar por una serie de políticas a favor de la maternidad y la crianza. Una medida urgente debería ser aumentar el permiso de maternidad, que en estos momentos es de tan solo 16 semanas (lleva así desde hace más de 30 años), y que como mínimo fuese de 6 meses, compatible con la lactancia materna en exclusiva durante los primeros 6 meses de vida del recién nacido», declara Vivas en relación a las medidas políticas que deberían tomarse para que cada mujer sea libre de ser madre en el momento que elija y de las criaturas que quiera.

Pero como bien apunta, «apoyar la maternidad no solo significa aumentar las ayudas a la crianza sino acabar con la precariedad laboral, la especulación inmobiliaria o las desigualdades sociales para que todas las mujeres puedan ser madres cuando deseen. Para que otra maternidad sea posible, otra sociedad es imprescindible».

Y es aquí donde entra también en juego una generación que está viendo cómo su vida no acaba de asentarse y para quienes formar una familia se ve como algo muy lejano y más complejo aún. Quizás haya que plantear un cambio en los modelos de familia, que pasa por aceptar y ayudar a las madres solteras y darles más facilidades.

«Los cambios sociales han propiciado la emergencia de nuevos modelos familiares, en particular el de las madres que crían en solitario. Hoy en día en el Estado español, un 10% de las familias son monoparentales, con un solo progenitor al frente. Pero más que de monoparentalidad tendríamos que hablar de monomarentalidad, ya que un 83% de las mismas están encabezadas por mujeres. Sin embargo, estas familias no lo tienen fácil. Seguimos viviendo en una sociedad eminentemente patriarcal que, aun con el paso del tiempo y las resistencias, intenta imponer un arquetipo monolítico de maternidad, y también de familia», expone Esther. 

Nuevo lenguaje para las nuevas maternidades

La necesidad de una nueva maternidad se hace prácticamente indiscutible. Para ello, la visibilidad es muy necesaria, tanto en el ámbito personal como en el laboral. «La crianza está bien vista y aceptada siempre y cuando se limite al ámbito del hogar y a lo individual y no cuestione las dinámicas del trabajo productivo, el modelo socioeconómico ni el sistema patriarcal». A lo que Vivas añade que el problema no es en sí la maternidad sino el mercado de trabajo y la sociedad que dan la espalda al cuidado y a la vida.

«En clave feminista debemos pensar un modelo de maternidad que no anule los otros aspectos de nuestra vida e identidad», matiza la autora, señalando la importancia además de hacer una revisión en el lenguaje relativo a la maternidad. Encontramos un claro ejemplo en el estigma que gira alrededor de la palabra madrastra, que está asociado inminentemente a la antagonía de la madre ideal. «Acabar con este estigma, pasa también por cambiar las palabras con las que nos referimos a los nuevos modelos familiares. De aquí que proyectos como Va de Papus, en Cataluña, proponen que palabras como «madrastra» y «padrastro» encuentran una alternativa en palabras como «mamu» y «papu» o «madre afín» y «padre afín».

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