Abecedario de la maternidad

Mary Carmen S. Ambriz | Nexos

Esther Vivas (Sabadell, España. 1975) es periodista, socióloga y escritora. Los temas que suele abordar en sus libros abarcan desde políticas públicas y agroalimentarias hasta el feminismo y la maternidad. A partir de una entrevista ofrecemos este recorrido alfabético en torno a su reciente libro Mamá desobediente (2019), en donde examina las implicaciones reales de la maternidad lejos de cualquier idealización. El libro se publicó primero en España, y luego en varios países de Latinoamérica. En México la edición se dio a conocer hace dos meses y ya va por la segunda impresión.

Amamantar—. Mi crítica a la lactancia artificial va dirigida a las empresas del sector que desinforman y hacen uso de publicidad engañosa para hacernos creer que la leche artificial y la materna son lo mismo; a una institución sanitaria que, a pesar de lo que afirma, no invierte suficientes recursos para llevar a cabo una lactancia materna exitosa; y a una organización social que pone todas las trabas del mundo, en particular en el mercado laboral, para que las madres puedan amamantar. Se trata de destapar las razones históricas, económicas e ideológicas por las que se ha boicoteado la lactancia materna, haciéndole retroceder, como se ha hecho, en beneficio de la artificial.

Bebé—. A menudo se asocia que la responsabilidad de cuidar a un hijo es sólo de la madre, pero las madres no somos cuidadoras por naturaleza como nos han hecho creer, sino que la capacidad de cuidar y criar la tenemos tanto las mujeres como los hombres.

Crianza colectiva—. Así debería ser la crianza, vista como algo colectivo, social, porque estamos hablando de cuidar y criar a niños y niñas que van a ser adultos el día de mañana y esto nos debería involucrar a todos.

Día de las madres—. Es una celebración que no contribuye a tener una mejor experiencia como madre, sino al contrario, nos invita a mirarnos en el espejo de una maternidad que no nos representa y esto nos genera mucha culpa, además de cierta incomodidad en relación a nuestra experiencia materna.

Estigmatizar—. El patriarcado redujo la feminidad a la maternidad, y a la mujer a la condición de madre, como lo refiere Silvia Federici en Calibán y la bruja (1998). El mito de la madre perfecta, de hecho, solo sirve para culpabilizar y estigmatizar a las mujeres que se alejan de él.

Feminismo. El movimiento feminista ha tenido una relación compleja con la maternidad, porque el patriarcado ha secuestrado la maternidad, se ha apropiado de la experiencia materna, nos ha impuesto el mandato de la maternidad a las mujeres y ha utilizado a la maternidad para controlar nuestro cuerpo, nuestro destino como mujeres. En contra de ese mandato las feministas de la segunda ola, en los años sesenta y setenta, se rebelaron y en parte nació un discurso antimaternal y antireproductivo que se entiende por el contexto que se dio el alzamiento. Sin embargo, pese a la lucha de nuestras antecesoras, hoy podemos decidir si tenemos hijos o no, y eso nos permite mirar a la maternidad con menos prejuicios que las feministas que nos precedieron. Nos permite diferenciar claramente el mandato de la maternidad, esta imposición, esta maternidad patriarcal en contraposición con la experiencia dotada de derechos que debe ser la maternidad, libre de violencia y de forma satisfactoria.

Glorificar—. A partir del siglo XVIII, la maternidad adquirió una nueva dimensión más allá de su función reproductora. Se exaltó y glorificó la condición materna, puesto que comenzó a considerarse que eran las madres las que tenían que hacerse cargo en exclusiva de las criaturas. Hoy vivimos otros tiempos.

Hijos o no. La maternidad es una elección libre, se continúa asociando a la idea de mujer/madre, y esto hace que si una mujer decide no tener hijos, constantemente se le pregunta por qué no los quiere. Se le dice que no es una mujer completa, que es egoísta, que quién la cuidará cuando sea mayor. Esto es resultado de la cultura patriarcal, en la cual encontramos que a pesar del paso del tiempo aún se asocia femineidad con maternidad. Hoy en la sociedad que vivimos es igual de difícil ser madre como no serlo; es decir, si tú eres madre constantemente te juzgan, te culpabilizan, pero si no eres madre también cuestionan tu decisión de por qué no has querido o tal vez no has podido serlo.

Instituciones. Es necesario que el Estado destine recursos para invertir en políticas públicas que apoyen la maternidad, la crianza. Y esto no se da. Porque en la cuarentena por el Covid-19 hemos visto que la maternidad y la infancia han sido los grandes olvidados por parte de las instituciones.

Juego de tronos. Una de las series más populares, Juego de tronos, presentaba a lady Lysa Arryn, señora del Nido de las Águilas, una de sus protagonistas secundarias, como una mujer viuda, paranoica y sobreprotectora con su único hijo de seis años, Robert, a quien amamanta. Así lo veíamos, por primera vez, en el quinto episodio de la primera temporada de la serie. Qué mejor manera de mostrarnos la locura de lady Arryn que dando la teta a un niño de esa edad, a quien precisamente la lactancia, se sobreentendía, había convertido en un ser débil, dependiente y malcriado. Una representación como ésta acaba estigmatizando al conjunto de madres que amamantan a criaturas que ya no son bebés, presentando esta práctica como una anormalidad, una aberración, y atribuyéndole consecuencias nefastas para la salud emocional. En realidad, dar la teta hasta los dos años de edad o más se ha demostrado que es beneficioso para los pequeños, según el Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría.

Kleiman, Karen—. En Las buenas mamás tienen pensamientos terroríficos (2019), de Karen Kleiman y Molly McIntyre, con ilustraciones de madres que acaban de parir, se habla de cómo las madres ocultan lo que sienten. Una mujer le dice a una mamá con su bebé: “Estás fantástica”; a lo que ella responde: “Muchas gracias”. Pero nosotros podemos leer lo que ella piensa realmente: “¿Estás de broma? ¿Que estoy fantástica? Si estoy flácida, nerviosa y deforme. No me he duchado en días. Me mortifica que me vean en público. Intento aparentar que estoy bien, para que así nadie se dé cuenta de lo mal que me siento. ¿Por qué me preocupa cómo estoy? ¿Por qué? ¿Cómo se supone que debe de sentirse una madre?”.

Lessing, Doris—. La novelista Doris Lessing cuenta su experiencia como madre en su primer parto. Ocurrió en Sudáfrica, en 1940. Describe que después de dar a luz estaba adolorida y se sentía desesperada, anhelaba tener a su bebé en brazos. Cuando tímidamente pidió verlo, le dijeron que lo tendría a todas horas muy pronto, por qué tanto apuro. Más tarde insistieron que no se preocupara porque le daban sorbos de agua con azúcar, y que lo vería a la mañana siguiente. En su segundo parto el trato no mejoró y se decía a sí misma: “Si el lugar es tan horrible, ¿por qué volviste allí? Ciertamente es una buena pregunta”.

Mamá desobediente—. El libro se publicó primero en España hace dos años, llevamos once reediciones. Luego se dio a conocer también en Argentina, Uruguay, Chile, Bolivia y Colombia; y este año en México, Puerto Rico y Brasil. La edición mexicana ha sido muy bien aceptada, vamos en la segunda edición en dos meses. Me han escrito muchas mujeres que se han sentido acompañadas con el libro, con mi experiencia como madre, con los testimonios de otras mujeres y con mi investigación sobre el tema. He tenido varias presentaciones virtuales del libro en plataformas de librerías mexicanas, con influencers, colectivos feministas e instituciones. Estas complicidades con las mujeres de México me han emocionado mucho, es una herramienta para poder reivindicar la maternidad feminista y desobediente, para que así las mujeres podamos tener una experiencia materna mucho más satisfactoria.

Nuestro. Una de las asociaciones que ha jugado un papel más relevante, tanto a nivel de sensibilización como de incidencia política, es El Parto es Nuestro, creada en Madrid, en 2003, con el objetivo de apoyar a aquellas madres víctimas de un parto traumático, mejorar la atención materno-infantil y acabar con el maltrato y el abuso en la atención al parto como principales demandas. Tenemos que ver por nosotras. El Parto es Nuestro, en 2014, creó el Observatorio de la Violencia Obstétrica como instrumento de recolección, análisis y difusión de casos de maltrato obstétrico y como canal de comunicación entre instituciones, colectivos de profesionales y asociaciones de usuarias.

OMS. La Organización Mundial de la Salud señala que un porcentaje de cesáreas superior al 10%-15% no está justificado. El uso innecesario de esta práctica tiene consecuencias negativas en la salud física y mental de las madres y bebés. En 2016, según datos de la OCDE, Panorama de la salud: Latinoamérica y el Caribe, México era uno de los países de América Latina con un porcentaje de cesáreas más alto, un 49% sobre el total de nacimientos.

Pandemia. La pandemia ha visibilizado la hipocresía de esta sociedad que, por un lado, alaba la maternidad —y lo vemos con el festejo del Día de las Madres— pero que, al mismo tiempo da la espalda a las necesidades y a los derechos de las madres: nos niega partos respetados, nos niega licencias de maternidad más amplias; es una sociedad que nos juzga, culpabiliza como madres, en donde nos imponen ideales maternos. Cuando los niños están obligados a permanecer las 24 horas en casa, sin poder ir a la escuela, las madres somos quienes nos hemos hecho cargo de los pequeños, y esto ha generado muchos problemas de estrés, de salud mental, de sentirse una mala madre, una profesional incompetente. La pandemia nos vino a echar en cara la desigualdad laboral y de género que viven las madres, porque la vida de los padres desde casa, con el home office, no ha cambiado mucho.

Quién quiere ser madre—. En su novela Quién quiere ser madre (2017), Silvia Nanclares escribe: “Estábamos programadas para apurar y estirar nuestra juventud, para dejar la maternidad para ese momento en que la estabilidad laboral (qué quimera) y afectiva —otra quimera— creara un suelo sobre el cual soltar los huevos maduros. […] Ser madre añosa o añeja podía llegar a considerarse una especie de medalla, un trofeo con muescas de otras batallas, pero también una medalla engañosa con doble fondo: la edad de nuestros ovarios no atiende a las supuestas conquistas feministas ni a las transformaciones sociales”.

Reivindicar—. Desde el feminismo podemos una maternidad diferente, en donde la madre es sujeto político, sujeto de derechos, sujeto con capacidad de decisión. Si no es el feminismo el que alienta a terminar con la violencia obstétrica y lucha en favor del parto respetado, ¿quién lo hará? Es fundamental que la nueva ola feminista incorpore la maternidad a su nueva agenda política, porque si no dejan en el camino a millones de mujeres que somos madres.

Superwoman o el ángel del hogar. Son los modelos que encajan en el sistema patriarcal y que se espera que reproduzcamos indistintamente. La buena madre, la madre perfecta es un ideal que compartimos ya sea en España, en México o en el resto de los países de Latinoamérica. Las madres tenemos que seguir el modelo de mujer abnegada, la que sacrifica toda su vida, la que no posee vida propia y, al mismo tiempo, es nuestro deber ser la Superwoman que llega a todo con un cuerpo perfecto. Ese ideal de madre es inadmisible, indeseable, tóxico, y nos causa mucho malestar a las mujeres con nuestra experiencia materna. Por eso creo que es importante desenmascarar ese mito de madre perfecta y, a la inversa, reivindicar la maternidad real. 

Testimonio—. Mi libro Mamá desobediente es un ensayo sociológico, político, escrito en clave periodística con varias referencias históricas, porque es importante saber de dónde venimos para ver en dónde nos encontramos; también cuenta con varias referencias literarias a la maternidad y cuenta con varios elementos autobiográficos de la maternidad. Narro mis luces y sombras de la maternidad, mis problemas de infertilidad, la pérdida gestacional que sufrí y, además, cuento con el testimonio de muchas mujeres. Porque, como bien sabemos, hay una serie de sentimientos universales que acompañan a la maternidad: la soledad, la culpa, el sentir que no se llega a todo, la ambivalencia y la discriminación de manera transversal en distintos ámbitos.

Un largo etcétera—. Y más allá de mi vida activa de siempre, tenía otra vida, una vida secreta, la de intentar quedar embarazada, una vida que no compartía más que con mi pareja, porque no queríamos oír eso de “es cuestión de paciencia”, “tienes que estar tranquila”, “todo es psicológico” y un largo etcétera.

Violencia obstétrica—. En el contexto de la pandemia sanitaria ha aumentado. Se han agudizado más las prácticas que constituyen la violencia obstétrica, se han inducido partos, se han programado muchas cesáreas innecesarias, se han separado a muchas madres de sus criaturas al nacer, o se ha obligado a las mujeres a parir solas sin un acompañante, tuviera o no covid, cuando la OMS dice que toda mujer en tiempos de pandemia sanitaria haya dado positivo de covid o no, tiene derecho de dar a luz acompañada, y a no ser separada de su bebé, a poderlo amamantar. Estos derechos han sido sistemáticamente vulnerados en tiempos de pandemia sanitaria.

Wollstonecraft, Mary—. Desde una perspectiva ilustrada y con especial atención a la naturaleza y a la razón, Mary Wollstonecraft en Vindicación de los derechos de la mujer (1792) ensalzaba los cuidados que las madres dedicaban a sus criaturas pero consideraba que estos no tenían que ser impuestos, sino resultado de su toma de conciencia para ejercer una responsabilidad cívica. Las mujeres y las madres, para Wollstonecraft , tenían derecho a la educación y a participar en las decisiones políticas. “Para ser una buena madre, la mujer ha de tener juicio y esa independencia mental que pocas de las que han sido educadas para depender por completo de sus maridos poseen”.

X, Generación—. Pertenezco a la generación de las mujeres nacidas en los años setenta, la conocida como Generación X. Y también representa una nueva oleada de autoras feministas que reivindican la maternidad en clave feminista.

Yo. Es muy importante desobedecer al tipo de maternidad que se nos ha impuesto, ese ideal de maternidad sumisa, sin voz, encerrada en lo privado y en el hogar. Ese modelo ha estado presente en muchas generaciones, aun ahora continúa estando aquí. Por eso yo apelo a la desobediencia, a una maternidad feminista, en donde las mujeres nos reapropiemos de la experiencia materna: desde la perspectiva de mi embarazo, mi parto y mi lactancia mando yo.

Zarandear—. Las redes sociales, en particular Instagram, son para mí una manera de zarandear al patriarcado y al neoliberalismo con posts, reels y vivos que señalan cómo el sistema patriarcal invisibiliza la maternidad y la reduce a una responsabilidad femenina y a un sistema neoliberal que supedita la crianza a lo productivo y al mercado.

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